Una Presidenta para Ecuador

Articulo originalmente publicado en Gkillcity.com, en dos partes.

PRIMERA PARTE

Toda sociedad se traslada sin retorno desde lo tradicional hacia lo moderno. Cuando a veces concluimos que una población es conservadora es porque la comparamos con una referencia más moderna. Esa es es una lectura parcial, estática, atemporal: inútil. La dinámica de la sociedad no es más que una consecuencia de un progresivo desarrollo de la educación formal, la introducción y el uso de la ciencia y tecnología, el fortalecimiento de instituciones y la democracia. La velocidad de esta dinámica varía. Muchos teóricos y empíricos discuten qué factores hacen que algunas poblaciones vayan más rápido que otras, qué hace que algunas asimilen mejor el desarrollo. Sobre lo que no hay discusión, al menos en Occidente, es sobre el rol de la mujer en esta dinámica: una sociedad que se considere medianamente moderna, le asigna un rol equitativo, le permite participar libremente en política, negocios, ciencia, academia y organismos sociales. Quien limita los derechos de la mujer no es más que un retrógrada que prorroga su círculo de influencia.

En Ecuador, la mujer ha tenido que atravesar obstáculos descomunales para tener el mismo espacio que el hombre. Hasta el 2015, la mujer gana en promedio menos que el hombre, según ONU Mujeres entre 5% y 20% dependiendo del nivel educativo. En los sectores rurales e inclusive en ciertas zonas urbanas hay estereotipos que limitan a las familias cuando deciden a quién enviar a la escuela, o permitir migrar a la ciudad, o dejar en libertad para tomar decisiones profesionales y sobre todo a quién permitir decidir sobre su vida personal. Esto sin contar vergonzosos episodios populares que demuestran que cargamos con una viva matriz cínicamente machista.

La política es quizá la fuerza más efectiva que permite que estas barreras se vayan destruyendo. Las mujeres que incursionan en la política construyen roles sociales que las nuevas generaciones van asimilando como comunes, y las van convirtiendo en aspiracionales. El perfil del líder es cada vez menos el de un macho alfa y cada vez más el de una mujer inteligente, educada, sensata, organizada, equilibrada y emotiva. No es sorpresa entonces que las fuerzas progresistas de la política sean las que han promovido más exitosamente cuadros femeninos en las filas políticas de nuestra región. Como ejemplo basta ver la tendencia de las actuales mujeres presidentas de Sudamérica: ninguna proviene de la derecha.

En el 2010, con los resultados del censo nacional, me di cuenta que el único campo que le falta dominar a la mujer en Ecuador es la política. En lo económico, se demostró que la mayoría de negocios del sector comercio tenía como dueños a mujeres, y en lo académico, hay más mujeres que hombres estudiando en las universidades. Entonces me pregunté qué pasa en la política, por qué nos contentamos solo con tener ministras y asambleístas, y más que nada: ¿cuándo Ecuador va a tener una presidenta?

Decidí entonces realizar un estudio cualitativo para explorar el perfil de una candidata presidencial que cumpla con las expectativas de los votantes promedio y responder a la pregunta: si vamos a buscar que una mujer sea presidenta, ¿qué características debería tener? Si Ecuador se atreve a caminar a la modernidad como cualquier país medianamente sensato, ¿qué perfil tendría una mujer presidencial que lo ayude en ese camino? Mi intención no fue encontrar un perfil normativo de lo “ideal” sino más bien intentar “leer” lo que sociedad cree que debería ser un perfil ganador.

Este estudio es una exploración que partió de una iniciativa personal y no afiliada a campaña política alguna. La intención fue obtener categorías de una potencial presidenta y evaluar perfiles de acuerdo a lo que hoy es valorado por opiniones específicas. Es un estudio que no pretende cuantificar ni contrastar hipótesis. Se basó en veintitrés entrevistas a distintos profesionales seleccionados en base a mi experiencia en campañas políticas pasadas -tres presidenciales, cuatro seccionales y dos legislativas-, todas en Ecuador. Los entrevistados pertenecen a tres sub-segmentos de interés: 1) analistas y estrategas de comunicación política, 2) periodistas y 3) líderes de opinión. Por diseño metodológico (y ética elemental), la identidad de los entrevistados está protegida, así como la particularidad de sus respuestas. Existe un balance regional de los entrevistados de 60% de Quito y 40% de Guayaquil.

La entrevista giró en torno a cuatro preguntas: 1) Si pudieras imaginar a una candidata presidencial ideal que gane las elecciones en Ecuador, ¿qué características la definirían?; 2) En la actualidad, ¿quiénes crees que se acercan –por poco o por mucho- a esas características?; 3) De los nombres sugeridos, ¿qué crees que le falta o le sobra a las tres primeras candidatas mencionadas? y dos preguntas fuera de la caja: 4) Si pudieras mirar lo que hay en su cartera, ¿imaginas algo que ella lleve siempre, que el resto no lo haga?; Cuando piensas en ella, ¿qué artista o tipo de música se te viene a la mente?

Para obtener los resultados, codifiqué las características de la “presidenta ideal” agrupando respuestas similares y seleccioné las primeras cinco tipologías que respondió cada entrevistado. Según ellos, la presidenta ecuatoriana debe ser carismática, inteligente, con experiencia en economía y política, bonita o atractiva, demócrata, tolerante, popular y conocida, moderna, paciente, con carácter, emprendedora, creativa, negociadora, trabajadora y honesta. Hasta ahí, no causa sorpresa encontrar este perfil, pero sí empieza a llamar la atención quién aparece en el radar político y por qué. Al responder qué mujeres se acercan a estas características, los entrevistados dijeron estos veinte nombres de mujeres (sin orden alguno): Cristina Reyes, Nathalie Cely, Silvia Buendía, María Paula Romo, Mae Montaño, María Josefa Coronel, Martha Roldós, Gabriela Ribadeneira, Marcela Aguiñaga, Doménica Tabacci, Rossana Alvarado, Cynthia Viteri, Anabella Azín, Isabel Noboa, Gabriela Pazmiño, Rocío Rosero, Doris Solís, Carina Vance, María Duarte y Viviana Bonilla. De este grupo profundicé la opinión de ocho nombres, de las cuales aquí se reporta un resumen de cuatro de ellas (Incluí comillas para los verbatim textual de mis entrevistados. El resto es tejido del autor).

Doménica Tabacci

Es una de las pocas figuras que logró clausurar su pasado televisivo para convertirse en “política a tiempo completo”, un “karma que ya arrastra poco”. No tiene imagen de mujer “de a pie”, “cualquiera que la ve en una foto en un barrio pobre sabe que es para alguna fotografía”. “Amable y respetuosa”, “pocas veces airada” y “en público raramente explosiva”: tiene control sobre ella pero no tiene control sobre la sombra política que la opaca: Nebot. Y esa es su debilidad para dieciséis entrevistados. Su paraguas Nebotcino la protege de la lluvia política cotidiana pero también la minimiza al intentar solo imaginar una ambición particular. “Es un delfín, nomás”. Para los entrevistados que les gusta su perfil ven en su vocabulario la palabra “comunidad” porque “se preocupa por ella”. Para sus detractores, su vocabulario está repleto de “símbolos que connotan la jerarquía social”: “ayudar”, “desfavorecidos”, “pobres”, “servicio cívico”. Doménica es fuerte: “soportó enviudar y salir adelante con hijos”, eso no es para cualquier mortal. Aunque sí es muy mortal en sus respuestas: “jamás respondería algo fuera de forma o excesivo”. “Carismática? sí, inteligente? sí, con experiencia?: sí”, pero en siete entrevistas se repite su sombra y su limitación: “no tiene ideas políticas propias”.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): 1) estampitas de santos, 2) tarjetas de presentación de Nebot.

¿Qué música la imaginas escuchando? JLO, Selena.

Mae Montano

Tiene una muy “interesante hoja de vida política”, aparte es la “única ingeniera que ambiciona pasillos presidenciales”. Once entrevistados piensan que tiene una barrera obvia: Lasso, a sus sesenta años y con la ambición de ser presidente, no le cederá ese espacio a  la asambleísta de su partido CREO. “Él sabe que si no gana en el 2017, lanzarse con 68 años como candidato a un electorado que tiene en promedio 28, le perjudica”. Así que todo su partido arrastra con esa sombra: “Mae esta anulada por lo menos hasta el 2019”. Sin embargo, “tiene perfil para poder llegar a ciertas zonas de Esmeraldas y Manabí”, y hasta dos entrevistados se atreven a decir que “podría convencer en la Sierra”. Aunque siete ven una debilidad común: “ausencia de ideas propias”. No es reconocida por ellos como una candidata “activa” que trae cosas nuevas sobre la mesa. “Si es que tiene esas ideas, algo la esta bloqueando”, quizás ella misma, quizás lo sabe. “Mae logra generar sonrisas, pero no conversación”. Inclusive cuando tiene quejas, “quedan en quejas pero no logra hilvanar más”. Necesita polémica, “Mae necesita parir ideas”.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): Todas las entrevistas dejaron en blanco esta pregunta, lo cual es una respuesta a interpretar.

¿Qué música la imaginas escuchando? “Salsa clásica, pero de esa bien clásica”.

María Paula Romo

Mujer que “sería capaz de intentar resolver un problema de matemáticas usando argumentos jurídicos”. “Lógica”, “suave”, “sensata”, “confiada”. “Muy confiada, a veces hasta ingenua”. Es una “joven que no es percibida como joven en la política”. Nadie la ve como nueva, aunque nunca estuvo tan expuesta. María Paula es vista como alguien que “tendría facilidad en capturar un segmento joven profesional de la Sierra pero tendría barreras en capturar el mismo segmento de la Costa”. “Ganaría un debate con facilidad”, la pregunta es qué tan preparado está el ambiente político ecuatoriano para decidir en base a debates. “La tarima es otra debilidad” y no hay base política para ello. Tendría que empezar ganando conocimiento de su presencia, especialmente en la costa pero “sufre de la consecuencia de sobrevender el valor de un equipo”: para verla en una fórmula presidencial dependería demasiado de quién la acompaña. Necesita de un equipo fuerte porque sola es percibida aún débil.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): 1) Códigos Penales, 2) una fotocopia del examen de su mejor alumno del semestre pasado.

¿Qué música la imaginas escuchando? Rock argentino.

Rossana Alvarado

En las entrevistas Rossana despertó pasiones. Es muy difícil que alguien no tenga una opinión de ella. “Conocida”, “bonita”, “argumentativa”, “inteligente” y “política”. “Muy política”. “Arrastraría fácilmente un segmento de las mujeres de izquierda del país”, pero “tendría problemas con las ejecutivas que creen que la derecha esta de moda”. Tiene “base política asociada a las zonas rurales” y “serranas del partido de gobierno”. Un sector feminista la ve “pasiva frente a temas polémicos”, otro sector la ve “estratégica”. Aunque “no arrastra conocimientos económicos” serían “predecibles en base a su formación política”, que contrastan con el resto. “Hay ideología”. Seis entrevistas la ven como alguien que “se comería las tarimas si tuviera más oportunidades”; las ideas no son su problema. “Quizás el problema es la ausencia de las mismas en momentos clave”. Su “entorno personal parece desfavorecerla”. Diecinueve entrevistas la ven como “persona con potencial pero no despega”, “algo le pasa que no se decide en despegar”. La ventaja parece ser esa: sí tiene limitaciones, pero que ella mismo crea, no son limitaciones externas.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): 1) Un amuleto, 2) Un par de candongas extra.

¿Qué música la imaginas escuchando? Lila Downs, Silvio Rodriguez.

En la segunda parte de este reporte, que pronto publicaré en este medio, resumiré cuatro perfiles más y analizaré transversalmente la opinión de cada estrato entrevistado. Sin embargo, quiero terminar esta primera entrega vinculando la idea inicial del texto: La intención de este estudio es aportar a la discusión del ritmo en el que Ecuador camina hacia la modernidad y el rol que juega la mujer política en este camino. De todas maneras no es fácil dejar de preguntarnos: ¿Qué perfil debe tener la presidenta que permita no solo tener una mujer como principal política sino que además sea un impulso para equilibrar nuestro camino al desarrollo? ¿Qué mujer podría no solo vencer la complejidad de un electorado populista y popular sino además motivar un esquema social más equitativo? Porque supongo, nos habremos dado cuenta ya que eso de la equidad no viene dada por coeficientes solamente. ¿Verdad?

Hay entonces, al menos cuatro obstáculos que superar. El primero es la enfermiza noción que tiene el ecuatoriano promedio en creer que el presidente tiene que ser el salvador. El mesías. El todopoderoso. Tengo argumentos estadísticos (calculados pero aún no divulgados públicamente) para sustentar que esta noción va reduciéndose poco a poco , y es lógico que esto suceda con el paulatino incremento de la escolaridad. Sin embargo, exista la abismal diferencia entre ser popular y populista y es una amenaza clara a cualquier propuesta seria. A esto se suma que el nuevo modelo de gobierno tiene una concentración presidencial fuerte, esto implica que quien se atreva a saltar a la arena debe estar consciente de que será culpable y responsable de lo que pase, y de lo que no.

El segundo reto es esquivar el avance de la restauración conservadora. La defino como una fuerza asociada a la influencia de Papa argentino y toda la corriente que implica creer que el desarrollo es “casi casi” una cosa divina. Sin embargo, aquí hay una lectura en la que se equivocan los políticos de hoy y que la describo brevemente porque es sujeto de otro análisis: no es astuto aliar la política con la religión, peor con el Papa. No lo digo por opinión sino por conclusiones de estudios cuantitativos. Cada vez que la política intenta aprovecharse de reformas conservadoras lo que provoca es más secularización de la población. Y estoy hablando de causalidad estadística comprobada, no de correlación.  Algunos dirán: ¡pero Ecuador 70% es católico! Les respondo: Una cosa es una estadística transversal otra, una estadística tendencial. En cada lugar que una persona abre un libro, entra a la universidad, curiosea en Internet, también se hace preguntas existenciales y va derribando mitos. A esto súmele un factor demográfico: la población joven es menos creyente, la población adulta y adulta mayor es más creyente. ¿Cuál de las dos poblaciones es mayoritaria y creciente proporcionalmente en Ecuador?

La penúltima barrera que tienen que esquivar las mujeres políticas es su presencia en la producción de opinión pública. Sobre esto, podría hacerle un reclamo a los medios impresos, pero prefiero hacerlo a la mujer en general. Durante tres meses he contabilizado el espacio que tienen en las columnas de opinión de la prensa ecuatoriana: el 85% de los textos de opinión son escritos por hombres. Hay ciertos diarios que casi nunca incluyen a una mujer. El atajo más fácil sería culpar a los medios de machistas. El reclamo más sensato sería a las mujeres para que visibilicen esta desigualdad y se quejen, escriban, opinen. Cada texto crea categorías, narrativas, comprensiones, símbolos. Si no están presentes en la construcción de opinión, no se pueden posicionar temas que les interesa. Y no, no cuenta Tuiter.

Finalmente tienen una barrera obvia que saltar: lo bueno y lo malo hecho por el actual gobierno. Que los expertos en política juzguen qué es qué, que para eso están ellos y lo sé: nadie dijo que sería fácil.

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SEGUNDA PARTE

En la edición 201 de GkillCity publiqué la primera parte de un estudio de exploración sobre el perfil que debería tener una presidenta ecuatoriana. Para elaborarlo, entrevisté a veintitrés expertos de tres subsegmentos de interés: analistas y estrategas de comunicación política, periodistas, y líderes de opinión; el 60% de Quito y el 40% de Guayaquil. La entrevista tuvo cuatro preguntas: 1) Si pudieras imaginar a una candidata presidencial ideal que gane las elecciones en Ecuador, ¿qué características la definirían?; 2) En la actualidad, ¿quiénes crees que se acercan –por poco o por mucho- a esas características?; 3) De los nombres sugeridos, ¿qué crees que le falta o le sobra a las tres primeras candidatas mencionadas? Y dos preguntas fuera de la caja: Si pudieras mirar lo que hay en su cartera, ¿imaginas algo que ella lleve siempre, que el resto no lo haga?, y cuando piensas en ella, ¿qué artista o tipo de música se te viene a la mente?

En esta segunda y última parte he incluido: 1) los resúmenes de los cuatro perfiles de potenciales candidatas a presidenta seleccionados por los entrevistados, 2) la matriz comparativa de atributos entre los diez perfiles y, 3) una breve conclusión. En un estudio cualitativo-exploratorio como este, el objetivo no es cuantificar ni crear un ranking de alternativas, de candidatas o de características de candidatas. El objetivo es explorar la percepción, categorías, actitudes y opiniones que generan los nombres en el grupo estudiado. Cualquier proceso estándar de investigación cuantitativa debe iniciar con un estudio cualitativo de estas características.

Silvia Buendía

“Ha ganado reconocimiento en la defensa de los grupos GLBTI”, con un “carácter confrontador”, “palabras regularmente polémicas” y posturas que incomodan a conservadores, “logra capturar discusiones en redes sociales como ninguna otra”. “Ella podría abrir una puerta política si transforma su activismo hacia algo con mayor cobertura política, desafortunadamente en este país, los derechos humanos no dan para tanto”. A pesar de haber sido afiliada a Ruptura 25, Silvia es percibida -ligeramente- como más independiente: a veces tiene posturas alineadas a quienes critican el movimiento. ¿Sus limitantes? Siete entrevistados dicen que también tiene “correítis”: “su agenda está sobreconcentrada en la del presidente y sobre los escándalos mediáticos, cuando hay cosas mucho más fértiles e inteligentes de qué ocuparse”. Dos entrevistados de la Sierra la ven ausente en las tarimas: “puede ser buena en redes sociales pero las redes no son la realidad, le hace falta hacer política de a pie”. Silvia “ha hecho cosas concretas mejorando la vida de muchos de la minoría, pero no cuenta con estructura política, como muchas otras”, es “valiosa” pero intentar que sea presidenta “es como intentar vender un disco de música electrónica en la mitad de los 60’s”. “El país aún no está preparado para una vanguardia tan desafiante”.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): 1) trípticos sobre educación sexual; 2) aplicaciones para apostatar

¿Qué música la imaginas escuchando? Miguel Bosé y Jazz.

Nathalie Cely

“Lo bueno es que es economista, lo malo, también”. Su “chispeante carrera política” no le restó capacidad para ganar “experiencia en lo técnico – económico”. “La capacidad de María Paula Romo para explicar argumentos legales es similar a la de Nathalie Cely para llegar a acuerdos”: es percibida como “voraz negociadora, diplomática por carácter y por experiencia”. “Rápida, muy rápida”. Hizo un “interesante papel de embajadora en los Estados Unidos” y “evidentemente tiene influencia política en el actual gobierno”, es vista como un “concreto y fluido puente con el sector empresarial”. Los que tienen una valoración favorable la ven como “energética y frontal”, “alguien de quien se puede esperar una respuesta directa”. “Atractiva, activa y hábil”. Quienes parecen tener buena y no tan buena imagen de ella coinciden también en su debilidad: base popular política. “No se la ve en tarima ni incitando a lo popular, es una mujer ejecutiva de formalidad”. Quienes son críticos con ella ven que “a veces toma decisiones muy rápidas”, “ambigüedad ideológica”. Trece entrevistados la asocian con una “visión pro acuerdos comerciales y mayor apertura económica”. Diecinueve la califican positivamente en gestión: “es de esas personas a las que le das un problema equis en la tarde, lo afronta a media noche, lo desmenuza hasta la madrugada y los resuelve hasta primera hora de la mañana”. Tiene una ventaja adicional: “tiene potencial electoral en la Costa y la Sierra”; además “podría ser capaz de anclar dos generaciones de electores: los jóvenes y educados con los adultos del sector urbano”. La pregunta es: ¿qué pasa con los sectores populares, con la tarima?

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): La última Harvard Business Review

¿Qué música la imaginas escuchando? Electrónica de gimnasio, electrónica de aeróbicos (la única que tuvo dos respuestas coincidentes).

Martha Roldós

“Es economista, pero no parece”. “A pesar de tener una matriz ideológica influenciada por su familia, no termina de concretarlas en propuestas específicas”. “Sufre también de correítis, lo que la bloquea a proponer”. Seis entrevistados concuerdan en que es una “crítica a tiempo completo del régimen lo que no le permite construir una agenda”. “Capaz eso es todo lo que busca”. “No se la ve mucho en tarimas y ha perdido espacio en medios, debería apropiarse de un tema”. “Ha intentado defender iniciativas ambientales aunque más allá de apoyo a movimiento de bases, la propuesta no está clara”. “Debe comprender que por más inclemente que sea el clima, quien camina es quien propone”, es decir que en el juego político por más que la ataquen debería crear otra agenda en base a propuestas. Recibió comentarios sobre sus tonos de voz y posturas al hablar: “debe trabajar en un impacto mayor de sus palabras”. ¿Potencial? “Solamente con un compañero o compañera de fórmula potente y con un cambio propositivo”.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): post its con frases para tuitear contra el gobierno.

¿Qué música la imaginas escuchando? Clásica.

Viviana Bonilla

A pesar de estar al borde de la edad legal para ser candidata, Viviana llamó la atención de los entrevistados. Con “una carrera con más logros políticos que académicos, Viviana capturaría la atención de electores de la Costa con facilidad”. “Excelente oradora y entrenada en debates tiene la capacidad de dominar una tarima”: “combinación de tonos según la ocasión, presencia, credibilidad en su círculo, dinamismo y un empate de lenguaje corporal que atrae”. “No es coincidencia que esté a cargo de la Secretaría de Política. No solo es tarima, es una política natural”. A los entrevistados que no les gusta su perfil la perciben como “joven no solo en su edad sino en la facilidad de asumir posturas políticas no propias”. Es una “gestora política, no una productora de ideas”, “podrá defenderlas pero como función, como ejecutora”. Hizo una “interesante campaña por la alcaldía que aunque la perdió, fue la que introdujo la idea de incluyente en la ciudad”. “Varios políticos hablan hoy de un Guayaquil más incluyente, ella empezó eso”. ¿Futuro político? “Sí, claro que sí pero en la medida que produzca ideas, no solo las defienda”. “Como todo joven, olvida el pasado”. “Su rol en el tema invasiones no se acerca a lo deseable”.

¿Qué imaginas que lleva su cartera que las demás no llevarían? (solo respuestas más curiosas): una par de aretes alternos.

¿Qué música la imaginas escuchando? Merengue.

Atributos de una futura candidata y matriz de análisis

En esta sección se describen los catorce atributos que los entrevistados consideraron esenciales a la hora de evaluar un perfil para candidata presidencial. En la primera parte se describe brevemente a qué se refiere cada atributo, y en la segunda se incluye una matriz con los atributos y nombres de potenciales candidatas seleccionadas, y en las celdas la calificación mayoritaria que recibieron para cada atributo. Hay dos elementos metodológicos importantes que recalcar: 1) Las calificaciones son categorías cualitativas (el objetivo del estudio no es encontrar un ranking numérico sino explorar las categorías de una potencial presidenta para fomentar una discusión); 2) las dimensiones no tienen peso específico, es decir, ninguna dimensión es más importante que otra. Esto no significa que en la campaña todas las dimensiones sean iguales, para ello eso se requiere la subsecuente investigación cuantitativa.

Descripción de atributos

1.Conocimientos en Economía: sobre todo en un sentido práctico para proponer o ajustar una hoja de ruta económica para Ecuador.

2.Postura ideológica: definición de un discurso basado en argumentos compactos, sin caer en extremismos y con coherencia política.

3.Marca personal: branding, estilo, elementos característicos que definen a una persona y la hacen distintiva.

4.Personalidad atractiva: nos guste o no es algo comprobado que las candidaturas con personalidad atractiva llaman más la atención.

5.Oratoria: incluyendo capacidad para argumentar y defender criterios tanto en tarimas, en televisión, radio y en medios digitales.

6.Plataforma política: bases de apoyo, estructura política que sepa responder a una campaña en los territorios.

7.Ideas propias: creatividad para resolver problemas y generar soluciones.

8.Negociadora: capacidad para encontrar puntos medios, acuerdos.

9.Credibilidad*: coherencia entre las palabras y las acciones.

10.Cobertura: que su propuesta tenga potencial en la diversidad regional del electorado ecuatoriano: Sierra, Costa y Oriente.

11.Independencia: que no pertenezca a una dinastía que opaque su propio perfil, dinastía con apellido o sin él.

12.Equipo de trabajo: que tenga un equipo que permita complementar su perfil y superar debilidades pero sobre todo que genere percepción de tener la capacidad de generar un equipo.

13.Capital económico*: que tenga capacidad de captar recursos económicos para fondear la campaña política.

14.Sintonía Generacional: la medida en que su discurso está alineado con la estructura etaria de la población.

*Estos son los únicos dos atributos que no fueron consultados en las entrevistas, debido a que deberían ser explorados con métodos cuantitativos, por ello fueron excluidos de la matriz de calificación de las candidatas.

Para las calificaciones respecto a cada atributo, se contabilizaron los votos que los veintitrés entrevistados asignaron en base a tres alternativas:

  • Alto: el entrevistado cree que la candidata sí cumple o sí tiene ese atributo.

  • Medio: el entrevistado cree que la candidata cumple medianamente ese atributo.

  • Bajo: el entrevistado cree que la candidata cumple muy levemente ese atributo.

Si doce o más entrevistados votaron por alguna de esas tres alternativas, esa es la calificación ganadora. Si menos de doce entrevistados votaron por alguna de esas alternativas pero esa es la alternativa con mayor número de votos, es etiquetada como “bajo acuerdo” y es marcada la celda con un asterisco. Si hay algún empate en el número de votos en cualquiera de las categorías, se etiqueta a la celda como “sin acuerdo”. De esta forma, cualquier celda que contenga un asterisco debe interpretarse que esa es la opinión más común entre los entrevistados pero al mismo tiempo no es una mayoritaria. Y si la celda contiene un “sin acuerdo” significa que no existe alguna opinión común entre los entrevistados.

Calificación de nombres seleccionados

Conclusión

El potencial éxito de una candidata presidencial en Ecuador me recuerda a la transición de Hillary Clinton en los últimos siete años. En el 2007, Hillary lanzó su campaña con un spot en el que aparece sentada en un sofá, en una sala elegante de ambiente conservador, junto a una mesa de madera con tres portaretratos: en uno de ellos su esposo la abraza firmemente. Durante el minuto y cuarenta y tres segundos que dura el video, Hillary permanece sentada, dentro de una casa, protegida, endosada, patrocinada, guarecida, tal como en la fotografía con Bill.

En su segundo intento, HIllary lanzó su campaña con un video radicalmente distinto: en el inicio dos hermanos latinos cuentan que van a empezar su primer negocio, una mujer blanca -con sobrepeso- cuenta que va a cuidar más de su jardín, dos madres de familia anuncian que se preparan: la una para que su hija entre al kínder, la otra para regresar a trabajar luego de cuidar a su hijo por cinco años, en ninguna toma aparece el padre de los niños. Luego, una pareja de treintañeros afroamericanos anuncian que están ansiosos de ser padres por primera vez, una pareja gay caminando -contenta y relajada- anuncia que se casará pronto y finalmente una mujer blanca dice que jubilarse significa reinventarse. Todos lucen emocionados, ligeramente ansiosos. Aparece entonces Hillary, primero de espaldas, luego de lado, al final de frente. Habla a la cámara y dice que también se está preparando (como todos ellos), pero para ser presidente de los EEUU. Habla -firme y decidida- afuera de una casa, con un vestido azul con rojo, mientras al fondo se observa una escalera de no más de cinco pasos cuya inclinación visual conduce directo hacia ella.

Esta comparación me permite argumentar un mensaje triple que sirve para concluir este texto: 1) el objetivo de una campaña no es resaltar atributos personales sino el de empatar las demandas de electores específicos sobre los atributos personales. Cuando se intenta describir los atributos de una candidata a presidenta, no es para venderlos, es mas bien para identificar cuan cerca o lejos están de los atributos demandados por grupos específicos. Se trata de comprender que no se necesita vender una “Clinton”, sino de buscar una presidenta que se ajuste a las demandas ciudadanas contemporáneas,  2) no se trata de tener una candidata mujer por ser mujer, no se trata de tener a la heredera de una dinastía –con apellido o sin él- no se trata de tener una presidenta porque así lo dicta el progresismo. Se trata de demostrar que una mujer es igualmente capaz de asumir el cargo político más importante de un país, de evidenciar que la mujer puede ser una opción capacitada para asumir una gestión técnica y política de este nivel, 3) la diversidad económica, política y social son determinantes para una propuesta de este nivel. No basta con tener una candidata que sepa de economía, que tenga experiencia política o que atraiga consensos y acuerdos. El mensaje de inclusión es necesario; toda propuesta política seria comprende a toda población -minoritaria y mayoritaria- y amerita una agenda activa para reducir la desigualdad económica y social.

Las puertas para una sólida candidata a presidenta en Ecuador están abiertas. Aparte del actual presidente, no hay cuadros representativos que puedan jalar un electorado de forma estructural: por un lado un banquero de casi setenta años que peligra en convertirse en el nuevo Álvaro y por otro uno que otro incipiente novato que demuestra incapacidad de gestión y tibieza política deprimente. Estos son los únicos infértiles ecos que se oyen de vez en cuando. Esta realidad contrasta con el creciente rol de las mujeres: han venido construyendo una carrera, creciendo en su participación educativa, profesional y económica y tienen cada vez más una participación política promisoria. No ideal, no perfecta, pero muy promisoria. Esto convierte a las próximas dos elecciones en una oportunidad de oro. En este artículo intento provocar una discusión, una propuesta que puede ser calificada de ingenua o de arriesgada, pero una propuesta al fin.

Quiero provocar un debate sobre la posibilidad de una mujer presidenta para el país. Los ecuatorianos pueden estar de acuerdo en las categorías de análisis o no, con los nombres que los entrevistados seleccionaron o no, con la forma de analizar la información o no. El punto no es ese, sino el de dar una lectura adicional sobre las necesidades de la discusión política de hoy. Es un reto complejo, para algunos imposible, pero eso -precisamente- lo hace más interesante y para la mayoría, necesario.

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