Tres verdades sobre Quito.

La impresión de que Quito tiene fiestas más apagadas hace repensar en el perfil del Quiteño de esta época. Quito ya es totalmente distinto al imaginario que familias tradicionales tienen en mente y eso casi siempre les provoca concluir que estamos peor que antes. Yo no creo que estamos peor, yo creo que somos distintos, estamos más segmentados y más dispersos. Encuentro al menos tres sustentos para afirmar esto:

1: ESTAMOS MÁS VIEJOS

En el año 2001, 50% del cantón eran menores a 24 años, en el 2010 ese porcentaje bajó a 46%. En el mismo periodo las personas mayores de 50 años pasaron a ser el 30% de la población, en el 2001 eran el 26%. La edad promedio pasó de 28 a casi 30 años. Estos cambios a simple vista parecerían menores pero en términos agregados y mirando en detalle las pirámides poblacionales se puede entender mejor la variación: hay más gente y de edades más adultas. Para leer con mayor facilidad hay que fijarse a qué edad se alcanzaban las poblaciones señaladas con las flechas, comparando la flecha No1 en el 2001 con la No 1 en el 2010 y así sucesivamente:

Imagen1

Imagen2

2: CADA VEZ HAY MÁS COSTEÑOS Y MENOS “CHAGRAS”

En el 2001, 32 de cada 100 personas que vivía en el cantón Quito había nacido en una provincia distinta a la de Pichincha. En el 2010 esta proporción subió a 34. Este parecería un cambio menor pero no lo es; no solo porque significan alrededor de 160.000 más migrantes sino por su composición: cada vez hay más costeños. En Quito creció la participación de Manabí y Los Rios, mientras decrecían en participación los carchenses y azuayos. Todavía las provincias de mayor contribución de migrantes en Quito son serranas, pero hay un cambio importante en el ranking:

Provincias de mayor aporte de migrantes a Quito, comparativo.

Imagen3

Este cambio también es cualitativo: los nuevos migrantes tienen una estructura de edad distinta a los “chagras”. Este es un gráfico donde comparo un ejemplo de los migrantes tradicionales de Quito con los nuevos: los cotopaxenses versus los manabitas. El dato importante es que la edad promedio de los migrantes manabas en Quito es 30 años mientras que la edad promedio de los migrantes cotopaxenses en Quito es 41. Es decir tenemos más costeños jóvenes mientras decrece la participación de migrantes serranos, más viejos. Ahora se vuelve más fácil entender por qué Quito se aleja de las tradiciones y se dispersa.

Imagen4

3: QUITO ES MENOS CONSERVADOR

La gente se casa menos, se divorcia más, tiene menos hijos y se educa más. La mejor forma de resumir este cambio es en el incremento de personas que deciden unirse en vez de casarse. Esta gráfica no solo muestra un gran cambio en la proporción de “unidos”, también un descenso en los “casados”. Es decir, Quito es cada vez menos conservador.

Imagen5

Entonces; Quito es distinto, Quito es más disperso. Tengo una impresión que va de la mano con lo que he encontrado en los números: las fiestas en los 90’s y 2000 eran sinónimo de chivas sin seguridades, alcohol y puñetes, generalmente en la zona de la Plaza de toros de Iñaquito. Ahora las fiestas están regadas por toda la ciudad, hay menos alcohol visible en las calles y las corridas están lejos y dispersas. Somos distintos, somos más en cantidad y estamos más dispersos. Quizás eso no le quita la personalidad a la ciudad: casi nunca nos ha gustado aceptar nuevas verdades.

Byron Villacis, 2013

Todas las fuentes: Censos oficiales 2001 y 2010