Respuesta del Columnista

El INEC gentilmente respondió a mi editorial sobre la crítica a la nueva metodología de empleo. Aquí mi respuesta a la contestación.

Agradezco la atención a mi respuesta y comento en el mismo orden:

1.- He criticado que el INEC ha etiquetado a una categoría laboral con una palabra cuya connotación es subjetiva y con juicio de valor. La palabra “adecuado” se presta a malas interpretaciones; justo lo que tiene que evitar una oficina pública que norma estadísticas. El INEC ha respondido que su definición no incluye características como estabilidad laboral, seguridad social, ambiente de trabajo; que su categorización no tiene por intención clasificar a los que tienen seguridad social y otros. De acuerdo, pero eso no es lo que critico; en política pública no cuentan las intenciones sino la recepción de los mensajes. Mi punto es que dentro del entendimiento de esa palabra se presta a comprender a un empleo como bueno o como malo, apropiado o inapropiado (ver definición de “adecuado”) permitiendo a su vez que dentro de ese conjunto entren individuos que puedan tener otras características que pueden ser ilegales, antiéticas e injustas. Esa es la contradicción que critico. Ahora bien, podrían argumentar que la nueva categoría es igual de subjetiva que la anterior. Veamos. La anterior definición era “ocupados plenos”, ¿qué significa?: el que esta haciendo algo de forma completa, llena, el que tiene un oficio completo. La nueva definición: “empleados adecuados”, ¿qué significa?: una persona que está desempeñando un empleo, una labor, por una paga, salario pero de forma apropiada. Que cada uno interprete cuál definición es más subjetiva. Sin embargo, lo fundamental es que en la anterior metodología el individuo se definía independientemente de su relación laboral capital-trabajador. Ahora todo el que está ocupado es empleado, y no solo eso, es adecuado o inadecuado; ojo con la interpretación política y técnica de este detalle.

2.- La OIT no ha normado esta categoría en ninguna Conferencia, implícitamente lo están aceptando.

3.- Mi tercera crítica fue que el nuevo método complica y no simplifica. Cada cinco años hay nuevas conferencias de la OIT, es decir en cinco años habrá un nuevo cambio. La habilidad de la función pública no está en acoger cambios sino en hacerlo sin complicar lo anterior. Siempre van a existir nuevas metodologías, es tradicional de una oficina pública actualizarse, lo retador es hacerlo sin que en el largo plazo las interpretaciones sean enmarañadas. Al final del día mi intención es criticar con argumentos y poner sobre la mesa lo esencial de la neutralidad en el lenguaje de una oficina estadística. Ser burócrata es terriblemente difícil, y dentro de esa dificultad uno debe recordar que la función y las acciones que uno realiza van a perdurar en el largo plazo, que las normativas tienen que ser estables y consensuadas. El otro camino que queda es explicar que la categoría de “adecuados” en el sentido “inecino” pueden incluir “inadecuados” en el sentido común. Mi intención no es polemizar, así que ustedes juzgarán si vale la pena o no rectificar. Solo quiero recordarles que la función pública debe estar abierta a críticas porque se está buscando mejorar. Si me quedo callado y mi error es correcto ¿sería mejor o peor? Eso es lo que nos hace una sociedad democrática: participar, deliberar, criticar, estar de acuerdo y en desacuerdo. Hay que abandonar la vieja costumbre de creer que disentir es políticamente inadecuado.

Texto originalmente publicado el 8 de Noviembre del 2014 en:

http://www.eluniverso.com/opinion/2014/11/08/nota/4195931/respuesta-columnista

Lo adecuado de lo ilegal

El INEC comete tres equivocaciones con la nueva clasificación de subempleo. La primera es que inventa una categoría con claras connotaciones de juicio de valor: definir un trabajo como “adecuado” o “inadecuado” les va a traer más problemas que beneficios. Por ejemplo, según su nueva clasificación una empleada doméstica sin afiliación al Seguro Social que gana el mínimo está ahora “empleada adecuadamente”. Es decir, algo ilegal ahora es adecuado. Otro ejemplo es el trabajo infantil: un niño que trabaja en el mercado, que gana más de 13 dólares al día es clasificado como “trabajo adecuado”, así sea injusto, ilegal y antiético, ahora para el INEC es “adecuado”. Otro ejemplo es una niña obligada a prostituirse pero que responde la encuesta frente a su victimario: dirá que gana más del mínimo, dirá que trabaja lo suficiente y dirá que quiere cambiarse de trabajo. Ahora es “empleada adecuada”. La estadística oficial debe ser muy cuidadosa en no implementar cambios al apuro, debe evitar juicios de valor, debe razonar con varios actores institucionales cuál es el significado de una nueva categoría. Es evidente que quien se inventó este término no conoce la connotación histórica de la palabra subempleo, no conoce que la explotación laboral no viene dada solo por lo monetario (inseguridad, falta de garantías, explotación física, sexual, psicológica), no conoce la teoría del trabajo ni las relaciones históricas capital-trabajador, no conoce cómo se discutió por décadas la formalización de la precariedad laboral en torno al subempleo.

Ahora bien, han dicho que el cambio está respaldado por la OIT. Esa es mi segunda crítica, porque eso es falso. Revisando detalladamente las cinco resoluciones de la 19ª Conferencia de la OIT que es citada por el INEC, en ningún momento se norma o discute sobre el trabajo “adecuado”. Al contrario, hay avances en otros temas fundamentales como el trabajo digno, algo que el Ecuador debe medir urgentemente y no hay avances al respecto, no por normativa internacional sino por coherencia política. Lo que ha hecho el INEC es una interpretación basándose en un consultor, creando una categoría que puedo afirmar con seguridad no será aprobada –bajo ese nombre y definición– en ningún otro país del mundo.

Dicho sea de paso, el único órgano oficial para especificar normas de estadísticas de trabajo es la Conferencia. Un consultor, especialista, experto, por hábil que sea y por afiliado que esté a la OIT no representa voz oficial. El único documento oficial de la OIT es la Conferencia y ahí no existe algo sobre la categoría inventada por el INEC. Un consultor es libre de opinar lo que quiera, pero el documento oficial es la resolución de la Conferencia y esta no discute siquiera el trabajo “adecuado”. Este proceso debió llevarse con calma, presentando propuestas ante Comisiones de Estadística, si es que hay un informe de consultores especializados debían ser públicos antes de cualquier definición: hasta hoy no hay informe ni es público.

En el 2007 cuando discutimos la nueva metodología de desempleo llevamos a cabo largas, complejas y hasta conflictivas reuniones para definir cómo mejorar la encuesta. Hay documentos interinstitucionales que respaldan un hecho simple: la política pública se hace deliberando, discutiendo con los usuarios y en especial la estadística publica debe ser transparente en el proceso de construcción. Eso es lo que la legitima. Ahora bien, será muy válido el contraargumento de que no necesitamos a la OIT para crear nuestras categorías. Eso es cierto, pero entonces no es correcto mencionar que la OIT respalda algo que no ha discutido.

Y desde ahí arranca mi última crítica: era más fácil mejorar la métrica de subempleo generando subcategorías de subempleo que sean subdivisiones del concepto original. Así no rompían la serie y no incluían juicios de valor contradictorios con la ley del Ecuador. Simplemente tenían que “oficializar” que puede haber subempleos por ingreso, subempleos por insuficiencia de horas y subempleos por insatisfacción laboral. La suma de los tres podía ser el original subempleo y se acababa el problema. Gracias al nuevo cambio solo un experto logrará interpretar entre empleo adecuado, subempleo, inadecuado, remunerado, informal, ocupado pleno, entre otros. Vamos a tener que gastar en otros consultores para desenmarañar lo que hizo el otro consultor: kafkiano.

Dicho sea de paso esta subclasificación que “propongo” ya estaba hecha y hasta Senplades la estaba usando. Podían mejorarla y evitar la confusión, pero ya es muy tarde.

Por último, me ha llamado la atención algo que asumo es un desliz por parte de las autoridades. Argumentan que era necesario cambiar porque cuando comparaban con Colombia o México nuestro subempleo era “muy alto”. Bajo ese criterio cuando a las autoridades les parezca “muy alto” algún otro indicador habrá que cambiarlo. ¿Habrá que pensar en “informalidades adecuadas”, “pobrezas adecuadas”, “ilegalidades adecuadas”?

El INEC debería modificar el término “adecuado”, está a tiempo; pero más que todo debe avanzar al ritmo de las verdaderas problemáticas del país: ¿cuánto avanzamos y cuánto no en el cambio de matriz productiva?, ¿cuál es nuestra inequidad más allá de ingresos?, ¿el país avanza o no con emprendimientos?, entre varios otros. Debe evitar el clásico error de que se cambia un indicador porque no nos gusta la estadística. La estadística no se trata de esa forma. La estadística responde a un concepto, y solo cuando el concepto tiene un antecedente, un marco teórico, una discusión y un análisis, solo entonces se debe considerar un cálculo estadístico. No al revés. Lo que legitima una estadística es la transparencia en el proceso, no la oficialización de un resultado.

Editorial original publicado el 28 de Octubre en http://www.eluniverso.com/opinion/2014/10/28/nota/4158746/adecuado-ilegal-errores-inec-torno-nuevo-subempleo

Debate en NTN24 sobre Discriminación a Colombianos en Latinoamérica

En Diciembre del 2014 participé en un debate televisado sobre la discriminación a colombianos en Latinoamérica. En el debate, transmitido por la cadena latina NTN24, participaron el analista Robert Valencia del World Policy Institute, el Diputado argentino Dante Gullo y mi persona. Aqui el link del programa.

http://www.ntn24.com/noticia/existe-el-fenomeno-del-anti-colombianismo-en-paises-como-chile-y-argentina-33568

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Entrevista en El Comercio: El remezón de la mujer en Ecuador

El último Domingo del 2013 Diario El Comercio publicó esta entrevista que me realizó sobre el nuevo perfil del ecuatoriano. Comparto el texto y al final link:

Si se podría identificar una sola característica que defina el perfil del ecuatoriano que llega al 2014, ¿cuál sería esta?

Definitivamente, el remezón y el papel social que tiene la mujer.

¿La mujer está al frente del futuro del Ecuador?

Estoy convencido, hay tres elementos que lo justifican. 1) La mujer es quien domina los espacios de educación superior, porque está más presente en las universidades preparándose más. 2) La mujer tiene una mayor participación económica, no solo porque es creciente en el mercado laboral, sino porque el Censo Económico del 2010 reveló que ellas son la mayoría de los propietarios de los establecimientos comerciales. 3) la mujer cambió de actitud respecto a decisiones sobre fertilidad.

Si la población femenina es más o menos similar a la masculina, ¿por qué las universidades tienen más mujeres?

La mujer ahora tiene más acceso a la educación y tiene más opción de participar laboralmente. Además, se casa más tarde y le tiene menos miedo a divorciarse. Adicionalmente, las mujeres que permanecen casadas deciden tener menos hijos y a edades más tardías.

¿Qué episodio marcó este ‘remezón’ de la mujer?

Los padres de familia motivan más a que tengan educación superior y por supuesto la mujer asume el reto. La tasa de acceso a la universidad, en el 2006, era del 26% para la mujer y del 23% para el hombre. Ahora (2013) las mujeres bordean el 35% y los hombres nos estancamos en el 25%. Para el 2020, el 40% de la tasa de educación neta se concentrará en las mujeres y el 20% en hombres.

¿Qué pasa con los hombres?

No reaccionamos de la misma forma. Seguimos convencidos de que las estructuras sociales machistas son las mismas y que estas nos van a dar los mismos beneficios. Quienes piensen así están equivocados: Ecuador ingresa a una sociedad moderna, que cada vez es menos pobre, y donde el hombre está perdiendo espacio frente a la mujer.

¿Esta tendencia se va a mantener de forma estructural?

En el 2030 la participación económica y social se equilibrará. En el pasado había una sociedad machista que favorecía al hombre y ahora la mujer gana terreno.

¿Antes del 2030 el Ecuador podrá tener una presidenta de la República?

Estoy seguro que sí, ya hay señales en ese sentido. El cambio en los criterios políticos no solo se siente en las mujeres sino en las familias. El Ecuador está en plena transición: de ser un país pobre en el año 2006 (cuatro de cada 10 habitantes) a uno donde el 80% ya no lo es (2013). La población ya no tiene en su mente ese discurso de los políticos tradicionales que prometían derrotar la pobreza. La mayoría del país está diversificando sus criterios políticos y uno de ellos es exigir mayor participación social.

Además, las mujeres eran el mayor porcentaje de la población pobre del Ecuador…

Era una realidad atada al tema de la fertilidad. Tener muchos hijos era caer en la trampa de la pobreza. El cambio viene desde la mujer de las zonas urbanas, que tiene menos hijos y una mayor participación en las actividades económicas. Esta realidad ha dado un cambio político, porque el país ahora busca calidad de vida y eso es fácil darse cuenta en las discusiones cotidiana: la gente habla más sobre los temas de nutrición, si el Ecuador debe tener o no una presidenta o si necesita un espacio verde en su condominio.

Sin embargo, en los últimos años se percibe poco interés en el ecuatoriano sobre el debate público. Incluso, a través de la protesta social, había participación.

Si se analizan los mecanismos actuales de participación social, hay espacios más amplios.

¿En dónde?

En la tecnología. Primero porque la reducción del analfabetismo digital abre un círculo virtuoso pues genera educación y reduce la pobreza. Además, garantiza una mayor participación que en el pasado. ¿A través de qué mecanismos se podía transmitir antes una opinión sobre tu ciudad? Tenías que tener un contacto con alguien relacionado a la política o quizás que la televisión te entrevistara…

…O salir a la calle y bloquear la vía, ponerse frente al Congreso y hacer presión social.

Quizás el ciudadano sí puede participar en una marcha, pero a lo mejor no le interese hacerlo sobre temas nacionales. Lo que yo veo es un mayor interés de participar en temas de su ciudad (locales).

¿No es un comportamiento contradictorio, tomando en cuenta que en los últimos 7 años el Ecuador se recentralizó de forma evidente? Las grandes decisiones del país y muchas de las locales se toman en el Poder Ejecutivo…

Hay que comparar con el pasado para tener una referencia. Llegó un liderazgo fuerte a reorganizar las estructuras económicas y sociales y, frente a ello, la oposición ha mostrado vacíos y debilidades…

Gran parte de esa oposición ahora está con el Gobierno.

Es otro factor por el cual también se debe responsabilizar a la oposición. A un país que estaba desinstitucionalizado llegó un movimiento que dijo que lo va a reconstruir, con todas las cosas buenas y malas que ha hecho. De ese cambio se ha dado cuenta el ciudadano común más que el político tradicional. El ecuatoriano ya no se conmueve por el beso al niño pobre. Ahora piensa en temas de sexualidad, de trabajo; quiere que no le asalten, que el tráfico de las ciudades mejore o en tener el último modelo de auto. Hay cambios de criterios.

¿Cuándo el Ecuador comenzó a preocuparse por temas distintos a los de antes?

Ecuador es un país que se parece a Brasil, Colombia y Venezuela en el sentido de que geográficamente está disperso (sus capitales no abarcan mas del 15% de la población del país)  El hecho de tener más ciudades que captan más población hace que a la gente ya no le interesa solo lo que pasa en Guayaquil y Quito, sino lo que pasa en Cuenca, en el oriente o en Santo Domingo. Otro factor es el nuevo rol de la mujer y la reducción de la pobreza.

¿El papel que ahora asume la mujer en el desarrollo del Ecuador es similar al de otros países de América Latina?

En parte se relaciona con la reducción de las tasas de natalidad y eso es a nivel mundial (técnicamente se denomina transición demográfica). Esto se verá por 20 o 30 años. Además, hay países de la región como Ecuador, donde las mujeres entran al mundo laboral en busca de estabilidad económica e independencia. Ese anhelo, de por sí, conlleva un cambio político que impulsará que una mujer vaya a la Presidencia.

¿Su mensaje para la oposición es que si busca reestructurarse debe pensar en el liderazgo de una mujer?

Para la oposición y para el Gobierno.

¿La existencia de un ecuatoriano más consumista es producto de la dolarización y del fenómeno de la migración?

La migración cambió los patrones y los estilos de vida. Que una persona tenga una mínima exposición a la realidad de otro país puede cambiar sus criterios. Todo esto es positivo porque amplía la mente de las personas. Las discusiones que hemos tenido en el país han sido muy parroquiales, del corto plazo. Entonces, el migrante aporta a ese cambio positivo. Y eso sucede no solo con el ecuatoriano que regresa sino con el extranjero que viene. El reto ahora es que las estructuras económicas que tiene el país se mantengan para que el ecuatoriano siga viajando por turismo, negocios, educación…

¿Le preocupa al ecuatoriano promedio que la estabilidad económica se deteriore por un bajón del petróleo?

Eso le preocupa a los estratos más altos (13% de la población). Para ellos la sostenibilidad de la economía es una prioridad. A los estratos medios (un 60%) les preocupa más el bienestar de su familia, la seguridad, el tráfico y las áreas verdes. Cada estrato tiene distinto grado de aspiraciones, aunque la preocupación por lo medioambiental y por la salud es algo transversal.

¿A qué se debe eso?

A que el ecuatoriano ya no está tan preocupado en sobrevivir, sino en que su calidad de vida mejore: en qué tipo de bebida toma en el almuerzo, si su hijo tiene sobrepeso o en qué colegio debe estudiar.

¿Por esto no es nada extraño que el Régimen mantenga el eslogan del buen vivir?

Es un acertado criterio multidimensional. Pero más allá de esto, la sociedad ecuatoriana debe plantearse un reto a futuro: que no solo se debe vivir bien, sino saber convivir. Y eso es lo que no sabemos hacer. El ecuatoriano se queja del tráfico desde su propio auto. No se da cuenta que él es parte de ese problema y esto no es positivo.

¿Por qué?

El ecuatoriano tiene que darse cuenta de que los signos de la buena convivencia no está estrictamente relacionados a este ‘boom’ de consumo. Debemos darnos cuenta de que si dejo parqueado mi auto fuera de la panadería estoy interrumpiendo el paso de la gente que quiere caminar. Esa nueva convivencia tiene detrás de sí un reto político importante, porque la clase media es más exigente y eso tiene que entenderlo el político contemporáneo.

¿Aunque ellos, los analistas y los medios de comunicación digan que el ecuatoriano de hoy le da menos valor a la democracia y las libertades?

Latinbarómetro dice que Ecuador no evalúa mal a la democracia. Lo que le sucede, al igual que otros países, es que valora tener una estructura de orden en lo político y un liderazgo fuerte. Eso no se sentía en el pasado. Recuerdo que en los grupos focales que hacíamos en el 2001 y el 2002, la gente necesitaba a alguien que ponga las reglas claras, que patee al perro y ponga orden en el país.

Pero no se puede pensar en un país moderno sin partidos, sin pluralidad en el pensamiento y en el liderazgo…

Ese es el reto del ciudadano y del líder de opinión. Los elementos que construyen una democracia no deben basarse en liderazgos fuertes. Hay experiencias en América Latina donde ha pasado factura el hecho de que un liderazgo fuerte no piense en el recambio. Y eso es algo que el ecuatoriano y el político deben comprender. El desarrollo de un país no puede basarse en una sola persona.

Eso se ha vivido siempre: 20 años de liderazgos caudillistas, uno tras otro…

La gente debe comprender que todos somos capaces de hacer un buen trabajo, no solo culpar y responsabilizar al otro. Y ese cambio debe empezar por la casa y el empleo. Tengo que crecer yo para dar la oportunidad a que otros se desarrollen. Ese ejercicio de responsabilizarse, delegar, compartir y convivir es lo que debemos como ecuatorianos aprender.

Quién es. Quiteño (1980). Es economista por la USFQ y la Flacso. Fue director del Instituto de Estadística y Censos entre 2007-2012. Sigue un doctorado en EE.UU. Su punto de vista. El cambio social que experimentó la mujer cambiará también el rol de los políticos en el futuro. Las frases:  “El ecuatoriano tiene que entender que la buena convivencia no está relacionados a este ‘boom’ de consumo”. Este contenido ha sido publicado originalmente por Diario EL COMERCIO en la siguiente dirección: http://www.elcomercio.com/politica/Ecuador-economista-entrevista-Byron_Villacis-politica_0_1056494351.html

Tres verdades sobre Quito.

La impresión de que Quito tiene fiestas más apagadas hace repensar en el perfil del Quiteño de esta época. Quito ya es totalmente distinto al imaginario que familias tradicionales tienen en mente y eso casi siempre les provoca concluir que estamos peor que antes. Yo no creo que estamos peor, yo creo que somos distintos, estamos más segmentados y más dispersos. Encuentro al menos tres sustentos para afirmar esto:

1: ESTAMOS MÁS VIEJOS

En el año 2001, 50% del cantón eran menores a 24 años, en el 2010 ese porcentaje bajó a 46%. En el mismo periodo las personas mayores de 50 años pasaron a ser el 30% de la población, en el 2001 eran el 26%. La edad promedio pasó de 28 a casi 30 años. Estos cambios a simple vista parecerían menores pero en términos agregados y mirando en detalle las pirámides poblacionales se puede entender mejor la variación: hay más gente y de edades más adultas. Para leer con mayor facilidad hay que fijarse a qué edad se alcanzaban las poblaciones señaladas con las flechas, comparando la flecha No1 en el 2001 con la No 1 en el 2010 y así sucesivamente:

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2: CADA VEZ HAY MÁS COSTEÑOS Y MENOS “CHAGRAS”

En el 2001, 32 de cada 100 personas que vivía en el cantón Quito había nacido en una provincia distinta a la de Pichincha. En el 2010 esta proporción subió a 34. Este parecería un cambio menor pero no lo es; no solo porque significan alrededor de 160.000 más migrantes sino por su composición: cada vez hay más costeños. En Quito creció la participación de Manabí y Los Rios, mientras decrecían en participación los carchenses y azuayos. Todavía las provincias de mayor contribución de migrantes en Quito son serranas, pero hay un cambio importante en el ranking:

Provincias de mayor aporte de migrantes a Quito, comparativo.

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Este cambio también es cualitativo: los nuevos migrantes tienen una estructura de edad distinta a los “chagras”. Este es un gráfico donde comparo un ejemplo de los migrantes tradicionales de Quito con los nuevos: los cotopaxenses versus los manabitas. El dato importante es que la edad promedio de los migrantes manabas en Quito es 30 años mientras que la edad promedio de los migrantes cotopaxenses en Quito es 41. Es decir tenemos más costeños jóvenes mientras decrece la participación de migrantes serranos, más viejos. Ahora se vuelve más fácil entender por qué Quito se aleja de las tradiciones y se dispersa.

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3: QUITO ES MENOS CONSERVADOR

La gente se casa menos, se divorcia más, tiene menos hijos y se educa más. La mejor forma de resumir este cambio es en el incremento de personas que deciden unirse en vez de casarse. Esta gráfica no solo muestra un gran cambio en la proporción de “unidos”, también un descenso en los “casados”. Es decir, Quito es cada vez menos conservador.

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Entonces; Quito es distinto, Quito es más disperso. Tengo una impresión que va de la mano con lo que he encontrado en los números: las fiestas en los 90’s y 2000 eran sinónimo de chivas sin seguridades, alcohol y puñetes, generalmente en la zona de la Plaza de toros de Iñaquito. Ahora las fiestas están regadas por toda la ciudad, hay menos alcohol visible en las calles y las corridas están lejos y dispersas. Somos distintos, somos más en cantidad y estamos más dispersos. Quizás eso no le quita la personalidad a la ciudad: casi nunca nos ha gustado aceptar nuevas verdades.

Byron Villacis, 2013

Todas las fuentes: Censos oficiales 2001 y 2010

Economía del hogar, una década después (entrevista Revista Vistazo)

Comparto entrevista que me realizó Revista Vistazo a propósito de los resultados de la última encuesta de Ingresos y Gastos que realizó Ecuador. Al final del artículo el link original.

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Economía del hogar, una década después

Byron Villacís. Economista. Director del INEC entre 2007 y 2012. Inició la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares, un estudio que no se realizaba desde 2004.

¿Se estabilizó el tamaño del hogar?
Es una tendencia regional: se reducen los integrantes y se incrementan los perceptores. Esto se debe a la mayor participación social y laboral de la mujer. Además, el número de hogares unipersonales crece mientras aquellos con más de cinco miembros disminuyen. A nivel mundial, el tamaño del hogar se “estabiliza” cuando la mayoría tiene un hijo. Pasarán tres décadas para que Ecuador llegue a eso.
¿Cambiaron el ingreso y el gasto?
El ingreso urbano subió 72 por ciento. El gasto, 63 por ciento. La época posdolarización fue positiva en términos microeconómicos. Los hogares aprovechan la estabilidad económica para obtener recursos, consumir y ahorrar. Esto les permite tomar decisiones de largo plazo y sobre esas decisiones radica la fortaleza de una economía: coherencia entre resultados a nivel macro y micro.
¿Es un beneficio igual para todos?
Existe una leve mejoría en el superávit de ingresos promedio de los hogares, del que depende la posibilidad de ahorrar/invertir. Sin embargo, este se alcanza a partir del decil 5 de ingresos. En otras palabras, hay una mejora en la situación de los hogares en general, pero aún hay problemas en los más pobres.
¿Se concentraron los ingresos?
Los hogares más pobres en un escenario de recuperación económica tienen que usar sus nuevos ingresos para saldar deudas, cubrir déficits y alcanzar un nivel de estabilidad. Eso hace que la diferencia entre ricos y pobres se expanda. Después de un tiempo y, si el crecimiento es “redistributivo”, se reduce la brecha. En Ecuador, la desigualdad se está reduciendo.
¿Cómo entender la variación en el destino del gasto?
Indica cambios en el patrón de consumo. El incremento de participación del gasto en comunicación es evidente. La telefonía celular, Internet, televisión pagada… responden a una población más interconectada. Esta variación redistribuye el gasto. Una economía en crecimiento debería reducir su porcentaje de gasto en comida pero por la desigualdad esto aún no sucede.
¿Otros cambios destacables?
El incremento del gasto en salud es “bueno” para la sociedad. Y más aún cuando se reducen gastos en rubros como bebidas alcohólicas y tabaco. El hogar es más inteligente y gasta mejor. Resaltaría el cambio (aumento porcentual de gasto) en transporte y comunicaciones. Es otro signo de recuperación microeconómica de los hogares.

Cuidado con festejar antes de tiempo

Unas palabras sobre el festejo de la reducción de pobreza en Latinoamérica.

La pobreza por ingresos en Latinoamérica se está reduciendo. Desde mi punto de vista, esto se debe a una oportuna y necesaria intervención de los Estados, tomando en cuenta tres ventajas: 1) una fortalecida corriente política progresista en la región 2) un contexto internacional favorable –con excepción del 2009 y, 3) más y precisas políticas públicas, fortalecidas por nuevas generaciones de tecnócratas.

En este contexto, me ha llamado la atención recientes discusiones en torno la agenda posterior a la reducción de la pobreza y el desmedido énfasis de políticos en enfocarse en “eliminarla”. Este debate viene oportuno además por la muy próxima revisión de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el año 2015. Algunas preguntas surgen entonces: ¿De verdad la pobreza extrema se ha reducido en la región?, ¿lo suficiente para sacarla de la agenda? En este contexto ¿Son una novedad teórica o un aporte útil los nuevos indicadores multidimensionales de pobreza? ¿Qué mecanismos deberían implementarse para legitimar estos indicadores?  Vamos por partes.

¿Está la pobreza extrema eliminada?

El mundo ya alcanzó la meta de reducir a la mitad la proporción de personas que viven con menos de $1.12 dólares al día. En América Latina la proporción llega al 6,5% de la población, como claramente Eduardo Ortiz-Juárez lo explica aquí. Sin embargo, el problema es que dicha meta está evaluada con el indicador de pobreza por ingresos. Esto significa que estamos alegrándonos por un indicador altamente inestable y cuestionado en términos metodológicos. Para ejemplificar: supongamos que Pedro, un comerciante informal de Lima-Perú, que vende productos importados gana más dinero porque las ventas aumentaron en este período. De acuerdo al último reporte sobre la clase media del Banco Mundial (disponible aquí), debido a este incremento de ventas, Pedro puede haber salido de la clasificación de “pobre” (si su ingreso es menor de  4 dólares americanos diarios por persona) para pasar a la de “vulnerable” (si su ingreso está entre 4 y 10 diarios por persona) o puede haber pasado de la clasificación de “vulnerable” a la de “clase media”(si su ingreso está entre 10 y 50). Sin embargo, si los ingresos de Pedro no fueron estables durante un tiempo prudencial y sus ingresos no se invirtieron adecuadamente, cuando las ventas decaigan su clasificación puede cambiar hacia “pobre” nuevamente. A esta inestabilidad del indicador monetario de ingresos hay que sumarle al menos tres problemas: 1) la dificultad de recoger los ingresos por medio de encuestas  2) la disponibilidad irregular y heterogénea de esta variable en encuestas oficiales dentro de institutos de estadística de la región (una discusion interesante al respecto aqui) y 3) al sobreconcentrarnos en evaluar los ingresos monetarios dejamos de lado avances en otras dimensiones del bienestar en las cuales los Estados han tenido importantes gestiones los últimos años.

Una forma más adecuada de medir este fenómeno son los indicadores de pobreza que captan más dimensiones del bienestar y a la vez son más estables que la variable de ingreso. En esta oferta de  indicadores resalto el valor de cuatro: 1) el de Necesidades Básicas Insatisfechas planteado por la CEPAL, 2) el de Pobreza Multidimensional propuesto por OPHI en el Reino Unido, 3) el indicador de Mejor Vida de la OECD y, 4) el Índice del Buen Vivir planteado por Ramirez en Ecuador.

En el caso de las NBI’s se recoge información de pobreza estructural en base a dimensiones relacionadas el acceso a vivienda, acceso a servicios sanitarios, acceso a educación y capacidad económica del hogar. Este indicador ha sido ampliamente usado en América Latina y tiene la fortaleza de ser calculado en base a variables mucho más solidas en términos de relevamiento de información y calidad de fuentes. Aquí mayor información. En el caso de los indicadores propuestos por OPHI se intenta capturar dimensiones como Calidad del trabajo, Empoderamiento, Seguridad física, Bienestar Psicológico y la Capacidad de Vivir Sin Vergüenza. Este indicador multidimensional tiene una sólida construcción teórica, una amplia bibliografía de herramientas en varios idiomas y goza de un reconocimiento mediático internacional, aparte del aval de la prestigiosa Universidad de Oxford. Aquí mayor información. En el caso del indicador de Mejor Vida de la OECD, está construido bajo un concepto aplicable a países desarrollados; sin embargo, es rescatable la inclusión de más dimensiones y cuenta con un proceso didáctico de ponderación en linea de acuerdo a las preferencias de cada usuario. El indicador incluye dimensiones como: vivienda, ingreso, trabajo, comunidad, educación, medio ambiente, empoderamiento civil, salud, satisfacción con la vida, seguridad y balance entre el trabajo y la vida. Por su proceso conceptual y su cercanía metodológica lo asocio mucho al trabajo desarrollado por Stiglitz-Sen y Fitoussi para la creación de nuevas medidas de bienestar en sustitución del PIB. Aquí el reporte de Stiglitz-Sen y Fitoussi y aquí la propuesta de la OECD. Finalmente, resalto la propuesta de Rene Ramírez de Ecuador, que plantea el indicador sintético de la Vida Saludable y Bien Vivida. Sus dimensiones son la esperanza (promedio) de vida, el tiempo dedicado a las producciones de “bienes relacionales”, el tiempo de enfermedad y los años de escolaridad. Aquí se puede ver con mayor profundidad su propuesta.

Todos estos indicadores presentan alternativas coherentes, innovadoras y complementarias ante los déficits del Indicador de Pobreza por Ingresos. Sin embargo, al intentar andar por este nuevo camino, nos encontramos con dos problemas: 1) la ausencia de disponibilidad de información primaria y, 2) la informalidad de la discusión de nuevos indicadores hace que se aparezcan propuestas deformes y sin sustento técnico que muchas veces solo buscan confundir a la opinión pública y a la vez opacan propuestas serias. Expando un poco mis comentarios sobre estos dos puntos.

  1. La conceptualmente desfasada producción de estadística oficial en la región.

No va a servir de nada que elaboremos nuevas y buenas propuestas conceptuales si no llegamos a reformular la  producción de estadística de oficial de base. Si reconocemos que la naturaleza de la pobreza es multidimensional, entonces debemos producir información para medir ese fenómeno y no continuar la mala práctica de producir indicadores unidimensionales “porque es lo que hay disponible para construir”. Estamos renunciando a la naturaleza propia de la medición de fenómenos sociales por conveniencia, comodidad metodológica o en muchos casos por ideología.

Sobre este problema, quizás sea muy fácil culpar a los Institutos de Estadística de la región. Sin embargo, al pensarlo dos veces su responsabilidad es compartida con los propios usuarios quienes deberíamos presionar para tener una producción estadística acorde a nuevas realidades conceptuales. Hay que reconocer que esto toma tiempo, pero más que todo energía para movilizar muchas veces aparatos burocráticos que están dormidos en lógicas antiguas de producción estándar. Hay que cambiar esa lógica. Hay que reemplazar la forma en que se producen estadísticas oficiales. Hay que modernizar la producción conceptual de estadística en la región.

En Ecuador se llegó a discutir y producir ciertos indicadores multidimensionales (buen ejemplo es el trabajo de Mideros aquí, el de Renshaw y Wray aquí y el que se llegó a instaurar en el Instituto de Estadística usando un programa de capacitación y dicusión (algo de información aquí). Sin embargo, internacionalmente solo tuvimos receptibilidad en países como Argentina, Cuba, Venezuela, Perú y Colombia. Esto sucedió en el año 2010. Es ahora cómico recordar que en aquel tiempo había una corriente de “cuadros” que renegaban producir nueva estadística porque era “subjetiva”, o porque no tenía “historia” o la más curiosa excusa “porque no aparecía en los manuales de normativos de estadística, como el FMI y sus guias para la produccion de cuentas nacionales”. El chiste se cuenta solo.

Un mecanismo para promover el cambio de esta lógica de producción, es la participación en espacios como este: la Conferencia Estadística de las Americas, donde se discuten normativas, producción y estándares de estadística oficial en el continente. Los primeros interesados en hacerlo deberían ser los proponentes de los  nuevos indicadores. No hacerlo sería como encontrar una medicina para curar una enfermedad pero despreocuparse por encontrar los ingredientes para producirla de forma masiva.

Por experiencia propia, puedo asegurar que el pretexto no debería ser el dinero. No quiero decir que no haga falta, quiero decir que una adecuada reasignación de recursos internos puede producir más y mejor información. Aparte que es evidente que los Institutos pueden y deben ser más eficientes, como camino para legitimar la estadística pública.

Ahora bien, hay un segundo y más grave obstáculo:

2. La aparición de indicadores fantasmas

Voy a describir este punto con una anécdota de mi tiempo de Director del INEC en Ecuador. Hace un par de años apareció en medios de comunicación un “nuevo” indicador de pobreza multidimensional que dramáticamente anunciaba que el país era el antepenúltimo en la región, que Ecuador era un desastre en varias de las dimensiones de pobreza y que las cosas iban muy mal. El problema no eran sus conclusiones sino sus escandalosas deficiencias metodológicas y su folclórica forma de llamar la atencion. No voy a nombrar el autor ni la supuesta ONG detrás de esta deforme creación porque precisamente buscaban eso: llamar la atención inclusive pisoteando la estadística. Al realizar -inclusive superficialmente- un análisis técnico de esta propuesta, se podía identificar que era un indicador sin sustento conceptual, mezclaba datos de distintas fuentes, distintos períodos y distintas definiciones y como cereza del pastel concluía que la pobreza había incrementado en el 2012 usando datos del 2006 (¡!). Desde el INEC advertimos que era un indicador fantasma que lo único que buscaba era llamar la atención de la opinión pública y que los autores unicamente buscaban posar para la foto; osea, politiqueros. Despues de un tiempo, las cosas cayeron por su propio peso: el indicador ya no es interés de nadie, ni es usado por nadie puesto que el actor que se paseaba por medios se convirtió en político (por cierto con un muy triste resultado electoral).

En este caso la estrategia fracasó puesto que del indicador no se acuerda nadie, pero el peligro es latente: rondan de cuando en vez indicadores “reveladores” o “innovadores” que pretenden llamar la atención con fines políticos, sin embargo su sustento teórico y empírico es altamente cuestionable. Otro ejemplo es el Índice de Transparencia Internacional que realiza un “ranking” de países de acuerdo a su “nivel” de corrupción. Lo llamativo es que no hay una discusión teórica, peor aún consenso sobre un mecanismo estándar de operacionalizar estadísticamente la corrupción. La metodología de este indicador es –irónicamente- poco transparente y es aún más dramático el misterio de cómo un concepto difícil de comparar internacionalmente se llega inclusive a rankear. Como era de esperarse el indicador sí sirve para estigmatizar políticamente a países de la región. Ningún respaldo metodológico aparece al momento de cuestionarnos por qué grandes escándalos financieros, políticos y económicos que rondan frecuentemente las grandes potencias mundiales no tienen efecto alguno en el “ranking”. El silencio es mayor al momento de responder claramente quien financia la difusión de estos indicadores y cuál es su interés verdadero. Este es el peligro más grande de la estadística pública: la aparicion de ONG’s políticas que, sin consideracion ni asidero técnico, pretenden promover “estadísticas” y deslegitimar medidas consensuadas, discutidas y sobre todo técnicas.

Mi opinión es que la solución ante este problema es legitimar y oficializar nuevos y robustos indicadores multidimensionales, pero sobre todo hacerlo usando del sector oficial de la estadística. La respuesta es fortalecer la estadística pública. La clave esta en el empoderamiento de los Institutos de Estadística para que se conviertan en un verdadero avalizador de nuevas propuestas conceptuales pero que al mismo tiempo ejerzan la responsabilidad de producir nueva estadística de base, acorde a las nuevas necesidades conceptuales. Los INE´s deben empoderar más las areas analíticas, las de discusión de metodologías, cuestionarse sobre su agenda de producción y abrir las puertas al momento de decidir su trabajo. Los INE´s deben dejar de ser productores de bases de datos para convertirse en entes estratégicos de la definición de estadística política (menciono “politica” de política pública, no de politiquería).

Para esto, se requieren dos pasos:

  1. Crear una agenda participativa de construccion de metas sociales, (un ejemplo ecuatoriano aqui) pero sobre todo un mecanismo de discusión dentro de los INE´s donde se pueda proponer, discutir, si es necesario modificar, legitimar y producir nuevos indicadores. Las puertas las deben abrir las instituciones y si no están abiertas, los proponentes deben golpearlas, con fuerza.
  2. El reconocimiento (especialmente por parte de políticos) de que la pobreza multidimensional ha tenido una reducción importante en la región, pero NO esta superada y que debemos discutir la realidad de este fenómeno más allá de los ingresos monetarios. Hay que entender, discutir e integrar a esta agenda la evolución no solo indicadores multidimensionales sino la medición de la desigualdad de ingreso y consumo (ejemplos innovadores aqui), la importante relación entre el bienestar subjetivo y el nivel de ingreso (Stevenson y Wolfers lo discuten aquí) la movilidad social, las diferencias urbano/rurales, el estudio de la riqueza y su concentración (El Telegrafo del Ecuador aporta con ejemplos como este), el robustecimiento de la clase media (otro ejemplo de discusion aqui) y la desiguldad dentro y entre los paises (Branko Milanovic tiene un trabajo impresionante aqui). La primera palabra la tienen los políticos responsables que antes de festejar la eliminación de la pobreza deben comprender su mecanismo de medición, su variabilidad y la evidente necesidad de medir dimensiones ausentes en indicadores populares. El primer paso es fortalecer la estadística pública.

Hay que legitimar los aportes de los nuevos indicadores de pobreza multidimensional y su evolución, siendo muy rigurosos en filtrar las propuestas técnicas de las políticas. Pero sobre todo hace falta entender el reto: no se trata de encontrar el indicador más exquisito, sino de impactar e integrar la política pública en términos multidimensionales.

No hay que festejar antes de tiempo.

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