Historia sin urgencia para estudiantes de Yachay

Este texto no esta escrito para los opinólogos en Ecuador. Tampoco para los expertos en educación, ni para los aplaudidores de lo bueno o de lo malo. Esta escrito, sin urgencia, para cada estudiante —actual y futuro— de Yachay.

Seguramente te habrá sorprendido la avalancha de críticas al proyecto, te habrás sentido ofendido y hasta aludido. Y hasta pudo haber dolido: se entiende porque —con un 80% de probabilidad, aproximadamente— eres una persona que ha sido vulnerable en la historia de tu vida. Aparte, estas en una etapa en que todo huele a incertidumbre, vives en una ciudad nueva, con gente nueva, alejado de tu familia, pensando frecuentemente si lo que estás haciendo es lo adecuado para tu vida. Seguramente pasas noches en duda. Algunas en tristeza. Otras en angustia. Seguramente, a veces se te escapa una lágrima extrañando casa, pero luego se te pasa. Vas a encontrar gente que siga atacando al proyecto y a tu carrera, a tus decisiones y a tus indecisiones. Pero, ¿adivina que? De eso se trata.

Todos los ex estudiantes de la San Francisco son victimas de un estereotipo. Los de la Flacso de otro. Los de la Central de otro. Los de la Udla de otro. Pero son las personas las que hacen a las instituciones, no al revés. Si quieres sobresalir lo vas a hacer donde quieras, pero en Yachay tienes la ventaja adicional de estar en una universidad que tiene visión, ambición y está construyendo redes.

Eso es fundamental en la academia moderna. Lo aprendí a las bravas.

***

La primera vez que apliqué a un doctorado me pasé un año preparándome para los exámenes y buscando los programas que se ajustaban a mi perfil. Tomé el consejo de aplicar a tres tipos de universidades: las top, las que estaban en la mitad  y las que estaban debajo de la mitad del ranking. Así minimizaba —ligeramente— el riesgo de ser rechazado. Luego, era fundamental tener buenos exámenes en matemáticas e inglés: tuve que tomar dos veces el horrible GRE y dos veces el TOEFL. Mi objetivo era tener notas sobre el 90% de la distribución (es decir, tener una calificación superior al noveno decil mas competitivo del grupo que ha tomado el examen), que era lo recomendable. Escribí entre diez a doce versiones de mis statements (ensayos académicos y personales donde describes por que eres un buen candidato) para explicar por qué mis ideas de investigación eran útiles. Los hice revisar por estudiantes aceptados, profesores y amigos. Pedí cartas de recomendación a académicos de Ecuador que conocían mi trabajo. Construí una hoja de vida que resaltaba mis logros profesionales. Invertí dinero: enviar cada aplicación cuesta alrededor de cien dólares, más el papeleo administrativo, el tiempo, el costo de exámenes. Envié seis aplicaciones. Había hecho todos los deberes, así que —harta fe de por medio— hasta me puse a planificar cómo iba a vivir y qué iba a investigar.

Ninguna universidad me aceptó.

Tristeza. Desilusión.

Pasé varias semanas pensando si de verdad quería hacer el doctorado. Me pregunté si no prefería continuar con mi vida profesional en el Ecuador. En ese momento estaba a mi cargo una oficina pública, tenía un buen sueldo, la gente me apreciaba, me gustaba lo que hacía y lo mejor de todo: tenía un equipo de lujo que ya empezaba a dejar una huella. ¿Para qué dejar toda esa comodidad de lado? En ese tipo de puestos uno está encerrado en una burbuja burocrática: cree que uno domina la materia y que el criterio propio es el que mueve las cosas.

Cuando estaba en esas dudas, me encontré con un viejo amigo. Había sido mi jefe en una multinacional. Apenas empezaba a contarle mi historia me interrumpió. “¿Cuánto tiempo estas en el puesto actual?” Iba para los cinco años. “No me importa si aplicas o no al doctorado, renuncia inmediatamente.” Yo lo refutaba: tenía mucho que hacer, las transiciones son difíciles, hay muchas cosas pendientes. No es tan fácil. “Son pretextos porque tienes miedo. Tienes miedo a fallar, tienes miedo a intentarlo de nuevo”. Yo se lo negaba, pero él insistía: decía que su paso por multinacionales, empresas locales, regionales, el gobierno y la academia mostraba la repetición de un patrón. “A los cinco años de hacer lo mismo te empieza a invadir el miedo a salir de la burbuja. ¿Crees que eres un líder y tienes miedo a irte? Líder es el que logra que las cosas que se hagan sin que uno este presente, el resto son jefes, nada más”.

Entonces, empecé a dudar: podía ser que fuese cierto. “El peor pecado que puede cometer un hombre en el mundo laboral es enamorarse de una posición, pensar que uno lo sabe todo y que uno es indispensable”, me dijo mi exjefe y amigo. “Pase lo que pase no permitas que sean mas de cinco años, envía siempre una señal de alternabilidad y recuerda que deben recordarte por bueno, no por necio”. Me decía, además, que si no lo hacía entonces ¿cuándo? Sonaba congruente: “si no aplicas de nuevo, vas a perder el doble porque vas a desperdiciar el aprendizaje de la primera pérdida. No puedes renunciar a tus sueños por un falso sentido de seguridad. No seas cobarde, renuncia e inténtalo de nuevo.” Le dije que tenía razón. Él me contestó:

— No todo el mundo tiene razón, todo el tiempo.

En la vida siempre necesitamos alguien que nos putee. A los seis meses renuncié.

***

El segundo intento fue más feliz.

Empecé por lo obvio: averiguar por qué no me habían aceptado la primera vez. Llamé a cada una de las oficinas de admisiones, hablé con todos los responsables del proceso y me llevé una fría sorpresa: mi aplicación era casi perfecta, solo había fallado en las cartas de recomendación. Resulta que “mi red académica” no era lo “suficientemente conectada” para tener influencia en los departamentos de admisión.

El asunto era bastante irónico porque mis cartas eran de muy alto nivel en Ecuador.

En serio, de muy alto nivel.

Me di cuenta de mi realidad: nuestro país estaba desconectado de la red de investigación americana. Por más alto nivel que tenga una recomendación, sino es de alguien que continuamente escribe, presenta, discute, enseña y esta conectado al mundo académico gringo, no cuenta. Simple, triste y definitorio.

Así que me puse a construir contactos académicos para que conozcan mi trabajo y, así, vean mi potencial. Muchos tomaron casi un año en ser logrados —cartas, visitas, llamadas, emails de por medio—. Como había renunciado ya a mi trabajo, y estaba concentrado en mis investigaciones pude construir esa red a la que —un año después— le pedí nuevas cartas de recomendación. Tuve una ventaja adicional: me habían invitado a ser visiting scholar de un prestigioso centro de investigación que amplió mi red de contactos de forma diametral.

Al pasar un año mi aplicación había dado un giro: tenía mejores exámenes que superaban el 95% de la distribución, mejores statements y sobre todo, mejores cartas de recomendación. Esta vez, tuve gente al lado que me dijo que podía ser más ambicioso, que podía intentar solo a las mejores opciones. Apliqué a las siete mejores universidades. Obtuve siete aceptaciones.

Los procesos de admisión son competitivos, estrictos y regulados, pero no todo es formalidad: lograr ser aceptado esconde más de una táctica, invisible a los manuales. Y sobre todo:  networking matters. And matters a lot.

Hace tres días me escribió un ex alumno de la maestría de la ESPOL. Me contó que estaba agradecido porque le había servido mi contacto en un instituto de investigación alemán para aplicar a un puesto de analista. Cerró su correo con una frase que me animó a escribir este texto. La copio textual:

No me considero un genio pero así lo sea lo que me sirvió para ser aceptado es el contacto que Usted me dio. Esa persona a su vez me dio otro contacto que terminó ayudándome con  otro contacto para ser aceptado. Es increíble pensar que hace seis meses estaba acostumbrándome a mi puesto de “obrero” pensando en cuidar mi sueldo y ahora estoy por empezar el trabajo de mis sueños.

Las relaciones importan. Muchísimo. Así es el circuito académico mundial.

En Yachay tienes los contactos para hacer networking. Las redes académicas son fundamentales no solo para conectarse entre universidades sino para expandir las oportunidades de sus estudiantes. Ese activo es inconmensurable y Yachay apunta a construirlo. Además, tienes infraestructura para que desarrolles tus ideas, tiene respaldo político para que dure en el tiempo. ¿Es perfecta? seguramente no, pero tienes que aprovechar la oportunidad que muy pocos la tienen.

Mi pedido inicial es que aproveches la oportunidad, que propongas, que seas crítico, que exijas transparencia, que leas, que escribas, que ayudes, que preguntes, que cuestiones.

Sobre todo eso: que cuestiones todo.

No te preocupes por lo que digan. Esos que hace un mes eran expertos en educación superior, ayer eran expertos en volcanes, anteayer eran expertos en deuda externa y pasado mañana van a ser expertos en incendios. No confíes en quien pretende saberlo todo, menos si se evidencia que quiere hacer daño a alguien. Se crítico con todos, en especial en momentos de crisis, exige transparencia y rendición de cuentas. En especial, se crítico con quien quiere atacar todo u ocultarlo todo. Como dijo mi exjefe: no todo el mundo tiene razón, todo el tiempo.

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Este texto tampoco tiene la intención de ser un motivador sin crítica ni propuesta. Intencionalmente he esperado para que no sea leído con urgencia, en medio de cualquier escándalo[1]. En realidad, se trata de decir algo claro sobre la influencia del networking tan decisivo: es injusto.

Es injusto porque muchos otros no tuvieron la suerte de tener la educación que tuvimos o los contactos o el contexto. Ellos no pudieron aprovechar oportunidades que quizás estuvieron muy cerca de ellos, pero en su caso nadie les ayudó, no tuvieron un contacto que les permitió entrar y participar en una red.

Por eso debes ser crítico con esa cantaleta de ciegos que piensan que la vida esta asegurada si te esfuerzas, si compites, si piensas solo en ti, si fomentas el individualismo y piensas que la competencia personal es todo.

Eso es una tontería: yo no hubiera sido aceptado en mis aplicaciones si no hubiera tenido redes que me ayudaron a entender cómo aplicar. En nuestros países, la mayoría de los más grandes empresarios lo son porque tienen contactos (casi siempre familiares) que entre ellos se ayudan a preservar sus ventajas, y la mayoría de políticos en el mundo están donde están porque cultivan sus contactos. La competencia perfecta no existe.

Las redes importan, pero es mas importante hacer notar que importan. Ese es el pedido de este texto: intentar que la redes importen menos. ¿Cómo? Visibilizándolas, demostrando que son una barrera, pero al mismo tiempo aprovechándolas para usar los beneficios y expandir una comunidad académica y sobre todo social.

***

De vacaciones en Quito volví a encontrarme con mi exjefe de la multinacional. Con alegría le contaba mi experiencia de cómo había logrado zafarme del mundo burocrático, y cómo había vivido el proceso de acoplarme a otra cultura. Me preguntó qué viene luego, me dijo que era hora de pensar en el futuro, de competir por algo nuevo. Le sonreí:

— No todo es competencia, no todo es sacrificio. Es más, creo que mis momentos de mayor creatividad vienen cuando menos inmiscuido estoy en esa cultura de la competencia, le dije.

— Es que a pesar de estar en los treintas todavía eres un crío, debes entender que la educación es una herramienta para tu futuro laboral, para conquistar más y mejores metas. ¿Otra vez tengo que recordarte que debes atreverte a soñar?

—Pero yo no hago un Phd para competir, de verdad me gusta esto.

—Eso es lo de menos, ¡hay que competir!

—Esta bien competir, esta bien superarse pero esta mejor hacer las cosas porque te gustan, porque te apasionan, encontrar aquello que te gusta y hacerlo bien. Esta bien disfrutar. Cuando miro hacia atrás me doy cuenta mas de eso: competir te puede llevar a ciclo perverso donde te concentras en ganar, y cada vez mas olvidas disfrutar lo ya ganado. La gente que solo pasa compitiendo esta perdida en un espiral obscuro. Fernando Trueba y Pep Guardiola ya lo han dicho: esta en el presente el mejor juego del futuro. El presente como un juego en equipo, sobre todo eso: en equipo.

—No se quién es Trueba y Guardiola, ¿no es el entrenador de fútbol?

—Si, el otro es un director de cine. ¿Ves lo que te pierdes de la vida?

—¿O sea que ahora escuchas más a entrenadores de fútbol que a alguien con experiencia laboral a nivel mundial?

— Tú sabes: no todo el mundo tiene razón, todo el tiempo.

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[1] Lo que no quiere decir que la crisis deba ser minimizada. Toda crisis institucional debe ser solucionada con etica, legalidad y transparencia. El ciudadano deberia tener capacidad para vigilar cómo se administran proyectos tan grandes como Yachay. Este texto no intenta hablar del cómo hacerlo, pero si sugiere que las autoridades académicas deben asegurar mecanismos institucionales de rendicion de cuenta que no dependan de cualquier gobierno.

Texto originalmente publicado en http://gkillcity.com/articulos/el-mirador-politico/historia-sin-urgencia-los-estudiantes-yachay

El antimarketing político de Alianza País

Texto originalmente publicado en GkillCity el 28 de Diciembre del 2014:

https://www.gkillcity.com/articulos/el-mirador-politico/el-antimarketing-politico-alianza-pais

La estrategia política moderna gira en torno a palabrería anglosajona que casi siempre termina siendo un recalentado de tácticas empresariales: el ideological branding, el strategic government,la techno-politics, el elector engagement. Dentro de etiquetas –con frecuente vacío conceptual– se teje lo que muy pocos políticos advierten: sus propuestas son productos de supermercado, enlatados de percha o artículos en promoción, que si bien tendrán su apogeo y su época de buenos precios; su placer será perecedero, su éxtasis será finito y su fama será circunstancial. Se puede entonces clasificar a los políticos en dos grupos: el primero es de quienes interpretan la realidad de forma astuta y planificada comprendiendo que el ciclo de vida político es básicamente un fenómeno comercial y el segundo grupo, de quienes se emocionan y se vuelven adictos a la imagen sin saber los efectos colaterales de la droga que están consumiendo.

En Ecuador, Alianza País (AP) desarrolló al inicio del periodo 2007-2009 una marca basada en principios ideológicos que terminaron descritos en la Constitución de Montecristi; supo manejar grupos de apoyo y transformó la sintonía conceptual en votos. Sin embargo, en 2014 realizó un giro conceptual cuando accedió a cambiar el eje de la discusión política. Si en los primeros seis años su discurso estaba atravesado por la antagonía Ciudadano vs. Pelucón, desde el séptimo año, AP se dedicó a responder las acusaciones de la oposición, y eso implicó discutir en otro terreno, donde la antagonía era la del Estado versus el Ciudadano. Es decir, le cedió la iniciativa del debate a la derecha. Dos momentos materializaron este giro y perjudicaron a la “marca” de AP en el mediano y largo plazo. El 2015 será un año sensible en que AP definirá entre comportarse como un movimiento que administra las marcas políticas con inteligencia, basados en ideales originales, o si continúa mordiendo los anzuelos de una derecha recompuesta, multiforme y mejor financiada que nunca.

I.  Tropezando con los propios cordones: elecciones seccionales de 2014

Si AP perdió mucho o poco en las elecciones seccionales depende del lente y apasionamiento del analista. Pero perder alcaldías claves tuvo su costo simbólico y –exceptuando el caso de Guayaquil– las derrotas fueron debido a errores propios. En Cuenca no se evaluó cualitativamente el poder de un candidato conocido, y en Quito le dieron tarima a un ambiguo-improvisado, sobreestimando la candidatura de Barrera. Ambos errores eran perfectamente previsibles. Sin embargo, desmenuzando las campañas seccionales a nivel nacional hay un elemento más decidor: la heterogeneidad de mensajes políticos de los candidatos de AP fue más alta que nunca. Básicamente cada candidato seccional tuvo la capacidad de ofrecer lo que fuera necesario para convencer un poco más a sus electores; el hilo conector en el partido se simplificó en el respaldo personal del presidente. Tanto, que en algunas zonas hubo alianzas curiosas, alejadas completamente de estructuras ideológicas. Esa fue la antesala para el error discursivo: los temas de debate se basaban en las agendas locales y muy poco en una estructura partidista ideológica. Algunos defendieron el proceder porque argumentaban que la marca estaba “gastada” y lo único que halaba positivamente era la figura presidencial. Varios analistas etiquetaron este problema como “aislamiento” e “incapacidad organizativa”. La consecuencia fue que los temas de discusión fueron los propuestos por la derecha: menos impuestos, un “menor rol” del Estado, cambiar leyes “que restringen” derechos, reducir “gastos innecesarios”, “impulsar la producción”, etc. De esta confusión, simbólicamente solo cosecharon Avanza, unos cuantos improvisados y la derecha.

Ahí estuvo el primer giro estratégico: varios candidatos y voceros de AP se pusieron a defender el rol del Estado como consecuencia del fortalecimiento que ha sido sujeto desde la llegada al poder en 2007. ¿Estuvo mal hacerlo? No. ¿Estuvo mal convertirlo en el eje de los debates? Sí. El discurso original –¿y el accionar?– de AP se desmembró cuando el movimiento aceptó cambiar la antagonía discursiva. Ya no se trataba del ciudadano versus los poderosos, de la gente sencilla versus los ricos, de la gente sin oportunidades versus los millonarios, de la gente común versus los pelucones. Ahora se trataba del ciudadano versus el Estado, el hombre libre versus el control, el ciudadano versus la restricción y los límites. Podría decirse que este giro fue natural porque una vez en el poder, las acciones de AP serían inevitablemente criticadas. Sin embargo, eso no alcanza para decidirse por el cambio de la comunicación hacia otra antangonía. Eso era precisamente lo que buscaba la derecha: que se deje de hablar de quienes siempre tuvieron el poder y que se critique al que lo tiene ahora. Otros podrían argumentar que era necesario hacerlo porque AP se ha convertido en un movimiento estatista y toda solución está dada por la creación de nuevas funciones del Estado: tanto en la concentración de decisiones ejecutivas o en la intervención fiscal. Aunque esto aun no alcance para girar las antagonias, este argumento tiene un punto a favor y por ello es necesario recordar cuáles fueron los principios ideológicos que manejaron la propuesta de AP en 2006: el Estado es la herramienta, no el objetivo. Y ese Estado –queramos o no– va a estar –y debe estar– en otras manos algún día, así que la idea es fortalecerlo para que el ciudadano tenga más derechos y más libertades, no para engordarlo, secuestrarlo o idolatrarlo.

II. La nueva antagonía: discutiendo política en palabras de un banquero

En el tercer trimestre de 2014 uno de los temas de conversación en redes sociales fue la propuesta del “apropiamiento discursivo de la palabra libertad”. Esto venía dado como respuesta a una millonaria campaña de un banquero opus-dei que intentó posicionar la idea de un “Estado Controlador”. La reacción por parte de algunos voceros vino cargada sobre todo de la necesidad de hablar de la libertad, materializando aquí el giro de la estructura comunicacional: ya no era importante hablar de quiénes han rondado el poder desde siempre, de quién ha manejado el país históricamente, de quién ha heredado millonarias fortunas con sospechosas formas de volverse millonario, de los privilegiados por las estructuras políticas, de quién ha sido ministro de oscuros gobiernos, de quién ha defendido sostenida y categóricamente al gremio bancario durante las crisis financieras, de sospechosos alcaldes con financiamiento vinculados a curiosas economías mexicanas, ni de las tres décadas en el poder escondido de los social cristianos. Ahora, el discurso es sobre la definición de libertad, sobre la libertad de los empresarios, el control del Estado y sobre quién mismo es el que gana en esto de ayudar al ciudadano a ser libre.

Esta dinámica tuvo su momento cumbre cuando apareció en televisión local un spot resaltando a la libertad como una recuperación de la dignidad y el acceso a oportunidades. Ese no era el problema, sino que el spot daba a entender que las empresas privadas son en parte las causantes de la restricción de la “verdadera libertad”. El anzuelo había sido mordido por completo: no solo que ahora una parte de la agenda estaba motivada por banqueros sino que convirtieron la reacción comunicacional del gobierno en un ataque gratuito a las empresas privadas en general.

Y resulta que las empresas privadas no son necesariamente malignas. Y resulta que el empresario no es necesariamente un tipo con cuernos y un trinche. Resulta que el 80% de toda la fuerza laboral del país trabaja en el sector privado. Resulta que son las empresas privadas las que pagan impuestos. Ese pequeño detalle, y esa pequeña mención de apenas dos palabras en contra del sector privado fue un error estratégico y la final consecución de un giro comunicacional, y el elemento que luego de las elecciones seccionales confirmó que la antagonía del discurso había cambiado.

No interesa por el momento la reacción al spot, el resto de elementos semióticos, las otras palabras, los colores, los ángulos, que si la actriz era suca o morena, lo que se defendió, lo que se atacó, esas discusiones están para los historiadores y para los peritos en technomarketing ypolitical brand equity. Lo importante es que se evidenció el giro discursivo que ha sido definitorio en términos políticos.`

El reto del 2015

Ante esta realidad habrá reacciones de al menos tres grupos. El primero congrega a la oposición y los defensores de las clases privilegiadas que hablarán de la necesidad de hablar de su espacio perdido, de reducir impuestos, de limitar el tamaño del Estado, de eliminar leyes que controlen a poderosos. Auparán aún más las idolatrías a Margaret Thatcher o las bonanzas del modelo chileno de Pinochet, que en el fondo no son más que recalentados del legado de los Chicago boys. Se inventaran más indicies que “revelen” que vamos mal. Todo con la intención de seguir discutiendo la libertad de los privilegiados, de los poderosos que han perdido espacio. El segundo grupo será una parte de las bases ideológicas que han respaldado a AP que ha sido afectadas por los cambios en los discursos y en la política del movimiento, en desconexión con los ideales iniciales. A este grupo, por la complejidad e importancia dedico mi atención en un segundo texto. Y el tercer grupo será el propio AP, cuyos miembros necesitan recordar que han llegado a donde están debido a principios ideológicos, y que son éstos los que deben guiar los discursos y por ende las acciones políticas. Este grupo debe notar que cada vez que el proyecto se aleja de un precepto conceptual, está defraudando a un grupo de apoyo que –sin importar cuántos votos represente– fue parte de la “marca” original.

AP necesita volver a reconocer que la política se trata de sumar y llegar a acuerdos, que el ciudadano es –o debería ser– el centro de los beneficios, que el Estado es el que debe estar a sus pies y no al revés, que hay que gastar inteligentemente y no gastar para cumplir la ejecución presupuestaria, que no hay que autocalificarse con puntajes de 110 sobre 100, que no hay que auto lanzarse flores, que hay que ser críticos –muy críticos– con uno mismo y con sus jefes directos e indirectos, y que las referencias para criticar deben ser los principios ideológicos que una vez se escribieron en la Constitución. Esta alternativa implica reconocer cuáles son sus antagonias discursivas, recordar por quiénes están en esos cargos, por cuánto tiempo los han elegido, cuál es la meta de sus funciones, y reconocer que son limitados. En suma, reconocer quién es el verdadero jefe de la relación laboral (no sentimental, ni familiar): el ciudadano común y corriente.

Todo proyecto político, como un producto comercial, tiene su ciclo de vida. Por más agraciado, carismático, bendecido o maldecido que se sienta un proyecto, todos están funcionando en un sistema de reglas cuya máxima son las polaridades y los opuestos: la vida y la muerte, el crecimiento y el deceso, la subida y la bajada. Frente a esto hay dos opciones: se puede ser realista e inteligente y utilizar las leyes comerciales para trabajar en base a los ideales iniciales o se pueden perder en el laberinto endulzante de la imagen, de los ídolos, de lo supra-natural. Un realista al frente de una marca política reconocería al menos seis hechos:

  1. Que las marcas políticas son instrumentos de mercado, por lo tanto hay que conocer y sobre todo manejar las reglas del juego.
  2. Que todo producto tiene un ciclo de vida. Por más que idolatremos una marca, ésta tendrá un desgaste y si no tenemos un portafolio de marcas, simplemente la compañía se irá a la quiebra (¿por qué la izquierda se mantiene en el poder en Brasil y Uruguay al mismo tiempo que peligra en Venezuela?).
  3. Que si la proporción de apoyo se mantiene pero hay cambios en la estructura conceptual inicial es muy probable que sean nuevos segmentos los que ahora apoyen a la marca. Esto es muy peligroso, porque los nuevos segmentos no son leales y se mueven por intereses frágiles.
  4. Que las marcas que perduran se basan en principios conceptuales-ideológicos.
  5. Que no reconocer errores aísla a la marca de quienes fueron leales a su propuesta, y son precisamente las bases ideológicas las que se deben cuidar, no las clientelares (un gerente de ventas baja los precios y dirá que la empresa va bien, un gerente de marketing NO baja los precios a pesar de vender menos; porque cuida su marca).
  6. Que los discursos importan, que mantener las antagonias ideológicas es necesario, porque son producto de una discusión y debate conceptual.

La llegada de la nueva dirección a AP en el segundo semestre del 2014 ha tenido un giro organizativo y estructural. Las elecciones internas en el tercer trimestre y eventos políticos con un fuerte mensaje ideológico sientan bases que le hacían falta. Sin embargo, los retos más grandes para el movimiento vendrán en 2015: evaluar las antagonías discursivas, recuperar la discusión y la praxis del pluralismo democrático, releer y rehacer política en base a los principios ideológicos y no caer en juegos fofos de la derecha. Pero sobre todo, el reto esta en preguntarse si son los ciudadanos los beneficiados o limitados, y si la agenda se basa o no en ellos. Esa es la única cuenta que hay que rendir.

13 consejos para jóvenes burócratas

@byronvillacis

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Texto originalmente publicado en el portal GkillCity.com (http://www.gkillcity.com/index.php/el-mirador/1658-13-consejos-para-jovenes-burocratas)

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En la larga fila del supermercado de un sábado de mañana escucho a un par de jóvenes de veinte y tantos:

– Loco, voy a trabajar en el Ministerio mismo, me salió ese camello después de todo.

– Buenazo, brother, vas a trabajar con la Cinthya que tiene unas amigotas bien puestas.

– Simón pero lo más bacán es el sueldo, es dos veces lo que gano ahorita y de ley ahí salgo 4 y media en puntito.

– Ve, una vez ahí tienes que palanquearte el nombramiento. Hazte pana de tu jefe y si te dan nombramiento te parqueas de por vida.

– No sé, loco, no me veo como burócrata toda mi vida, pero si se da el chance yaf no le voy a hacer fieros.

Escuchando la conversación me acordé cuánto me inquieta el mercado laboral ecuatoriano. No precisamente por sus números a nivel macro (lo que amerita otro tipo de análisis) sino por la frecuente atracción de jóvenes profesionales a entidades públicas cuyo futuro –desafortunadamente– en pocos casos terminan enrumbado en inteligentes carreras profesionales. Y es que el pero no está en que se conviertan en burócratas, el problema es que por inercia terminan inmiscuidos en un sistema que parece atractivo a priori pero que, en el largo plazo, puede pasar una elevada factura.

Conversando con una amiga burócrata sobre este tema me decía: “Esto de la burocracia es como un martillo. Si está en manos de un carpintero podrá construir un hermoso mueble, muy útil y práctico, pero si no estás al tanto de los trucos, puede ser un arma que asesine tu futuro laboral”.

No soy experto en recursos humanos, tampoco creo saber más que el promedio sobre temas laborales. Sin embargo, creo tener experiencia para analizar la burocracia ecuatoriana de estos días: he trabajado en ella así como en el sector privado (transnacionales, empresas medianas, pequeñas y tres emprendimientos) y en la academia (profesor y asistente de profesor). Eso me permite comparar y poder describir experiencias positivas y negativas de gente a la que, dentro o fuera de mis equipos de trabajo, le ha ido muy bien y a la que ha ido peor. Este texto recoge 13 consejos para jóvenes burócratas del Ecuador, que los he venido pensando, discutiendo y seleccionando. Intento que los jóvenes, -cuándo piensen entrar a este sistema o una vez adentro- lo tomen en cuenta, se preparen, lo aprovechen y decidan mejor. Esta no es una declaración a favor ni en contra de posicionas políticas, es un check list sugerido para saber si aceptar un trabajo en una burocracia o cómo enfrentarlo mejor.

Una última acotación: recordemos que la burocracia como concepto no es exclusivo de entidades públicas. Así que esto bien puede aplicarse, en la mayoría de los casos, a burocracias del sector privado. Claro, las sugerencias se orientan principalmente hacia lo público.

1. No te dejes tentar por el salario

Si estas empezando y tu experiencia profesional tiene menos de 5 años, estás en una etapa sensible en la que debes invertir en tu futuro. Tu objetivo debe ser obtener un empleo que te permita crecer profesional y personalmente, un lugar donde aprendas y comprendas gradualmente la rutina y responsabilidad laboral. Los años iniciales de tu profesionalidad van a ser fundamentales para “casar” o “divorciar” tu vida académica con tu vida laboral. Por este motivo, debes tener presente que en tus primeros empleos no vas a tener el trabajo ideal, en tu área preferida o con un sueldo espectacular (claro a menos que seas el hijo del dueño o tengas algún tipo de facilidad que en futuro provocará algún tipo de deficiencia gerencial). Lo más probable es que encuentres trabajos en tu área con salarios más bajos o incluso que solo encuentre pasantías no pagadas. Mi consejo es que a pesar de que ganes menos dinero debes escoger un empleo que sientas que tienes afinidad, que te guste, pero más que todo que aporte en tu formación profesional.

Actualmente en la burocracia se ofertan muchos empleos, la mayoría de ellos administrativos y en la mayoría de los casos el salario en el sector público es mayor al del sector privado (Ecuador-2013). El dilema que deberás resolver es que si escoges un empleo distinto al de tu formación académica al final de cuentas puede ser más lo que pierdas que lo que ganes. ¿Por qué? En el futuro, en algún momento tendrás que competir por otro empleo, con alguien con un perfil parecido al tuyo: ese alguien puede ser una persona que tomó decisiones más acertadas y aprovechó sus primeros años profesionales aprendiendo y ganando experiencia en tu mismo campo ¿Quién crees que tiene más probabilidades de ser contratado? Puede así mismo que –con todo derecho– decidas especializarte en el sector público y descartes la inversión que hiciste previamente con tus estudios. Esa sería una decisión triste, pues de plano descartas la inversión de tiempo, dinero y más que todo de gustos que hiciste con tus estudios.

Este consejo se vuelve un pedido extremo si tu carrera académica está incompleta. El peor daño que te puedes hacer es dejar en stand by o abandonar tus estudios porque encontraste un trabajo con un buen sueldo. Estas quemando tus naves sin haber empezado la guerra. El mundo laboral real es cada vez más competitivo y difícil, cuando salgas de la burbuja y tengas que competir y no tengas un título académico simplemente estarás fuera de juego. Termina esas clases, concéntrate y haz una buena tesis. Haz lo que debes hacer primero, para ello no dependes de nadie, aquí no hay excusas.

2. Prefiere un puesto técnico a uno administrativo

Actualmente en Ecuador, la gran mayoría de oferta burocrática está disponible en los departamentos administrativos. Esto no necesariamente es un mal empleo. En funciones administrativas podrás aprender mucho, conocer de procesos y comprender las marañas procedimentales del sector público. Si tus estudios fueron en Administración o similares, te consideras una persona con paciencia, organización, habilidad para trabajar con perfiles complejos, te gusta el sector público y estas dispuesto a enfrentar los retos que explico a lo largo de este texto, un cargo administrativos puede ser una buena alternativa para ti.

Por otro lado, si estudiaste algo distinto a Administración (o afines) y consideras que tienes un perfil técnico, ése definitivamente no es tu espacio. Ahora bien, en los departamentos “técnicos” todavía hay opciones y buenas. La expansión –y en ciertos casos especialización del sector público en Ecuador a partir del año 2007 ha permitido la creación de muchas plazas de trabajo especializadas y técnicas. Las ramas asociadas a la ingeniería son un claro ejemplo donde sí puedes apostar.

En ciertos casos puntuales, el sector público puede convertirse en una ventaja estratégica en tu vida puesto que puede ser el único lugar donde puedes aprender ciertas técnicas. Pongo un ejemplo con mi experiencia personal: si tu interés en la vida es aprender sobre producción de estadísticas a gran escala y quieres especializarte por ejemplo en censos ¿en qué otro lugar puedes aprender sobre censos sino en el Instituto Nacional de Estadística y Censos? Simplemente no hay más. Lo mismo va a suceder en otras áreas específicas y por supuesto siempre y cuando ese sea tu interés concreto. Por supuesto, es un error que busques aprender algo por la “oportunidad que te brindan”, cuando es algo que no te gusta. Siempre estuve en desacuerdo con el consejo de “hay que aprender sobre petróleos porque es lo que da plata” símil de “para casarte debes escoger el mejor partido”. En la vida tienes que hacer lo que te gusta y aprovechar para especializarte en eso.

3. Busca una institución/organismo con el menor perfil político y mayor técnico

Piensa en tu hoja de vida en el largo plazo. Como decía el tocayo Vásconez: “las personas debemos tener un plan de vida profesional, que no es solo crecer verticalmente sino horizontalmente”. Tendrá más peso si has aprendido cosas importantes y has dejado huella en proyectos estructurales. Las instituciones tienen rangos de acción definidos y si no es tu área de interés y afinidad, no aceptes. En todos los países del mundo hay instituciones públicas dedicadas a cuestiones técnicas y otras a cuestiones políticas. Si lo tuyo es la política y tienes afinidad por los valores de las personas que están al frente de las instituciones pues dale, con mucho ahínco y trabajo: arriésgate. Pero, si lo tuyo no es la política y te gustan ámbitos técnicos no lo hagas. Entrarás a jugar un partido que no será de tu agrado y del que podrías salir magullado, perderás bilis, dinero y lo más irremplazable: tiempo.

4. Evalúa a la cabeza y equipo de la institución: estabilidad, imagen pública, inteligencia.

A donde quiera que vayas, ubica, conoce y evalúa a la cabeza y equipo de tu institución. Si el Gerente, Ministro, Director, Presidente o lo que fuere de la organización es alguien que te inspira confianza, que te hace soñar y ambicionar, que te motiva con su imagen, sabrás que estas en el lugar correcto. Si además te atraen los objetivos planteados dentro de la gestión institucional, entonces también estas en el momento correcto. Toma en cuenta que no estoy diciendo que debe caerte bien, estoy diciendo que debe ser alguien de quien al final del día sepas que vas a aprender algo, y por supuesto, aportar. La gente hace las instituciones, no al revés.

5. Evalúa el perfil del departamento de recursos humanos

Puede suceder que encuentres un empleo en el área que estudiaste, que lo ves promisorio y que está en el sector que te gusta, pero si tienen un departamento de recursos humanos deficiente, te pueden provocar más de un dolor de cabeza. Cometiendo el pecado de generalizar, los departamentos de recursos humanos en el sector público suelen ser deficientes y a menudo dejan escapar trabajadores excepcionales debido a las trabas burocráticas, lentitudes de la rutina y en ciertos casos hasta por favoritismos personales, institucionales y políticos.

Detente un momento para analizar tu percepción sobre este departamento ¿Qué tan organizado lo sientes? ¿Cumplieron con las horas y fechas que desde un inicio te solicitaron para entrevistas y papeleo y burocracia? ¿Has logrado identificar que tienen métodos estandarizados? ¿Te aplicaron una prueba o concurso para acceder al empleo? Si la respuestas son “sí” entonces vamos por buen camino. Si la respuesta es “no” en alguna de estas preguntas vamos mal. Si crees que estas siendo beneficiado por algún tipo de “palanca”, te pido que estés consciente de que lo que te hacen a ti, es exactamente igual de probable que lo hagan con otro, así que prepárate: si contigo hubo favoritismos, puede que en el futuro no crezcas o no renueven tu contrato porque puede haber favoritismos con otro.

6. Separa tu opinión o favoritismo político de tu gestión laboral.

Todos tenemos una opinión política, hasta los que creen no tenerla. Sin embargo, tu trabajo debes tomarlo como algo distinto. Si tu trabajo es técnico, no comentas el error de mezclar ambas cosas. Tú fuiste contratado para algo en concreto y eso es lo que debes cumplir. Ni te excedas opinando o inmiscuyéndote en temas políticos, ni permitas que condicionen tu empleo a favores del mismo estilo. No te dejes manipular. Dale valor a tu trabajo y dignidad a tus decisiones. Nuevamente recuerda: si consigues algo por favores políticos, estas en un lugar en el que tienes exactamente las mismas posibilidades de ser discriminado por los mismos motivos en el futuro.

Ahora bien, si tu trabajo es la política, estudiaste sobre política y tu gestión es sobre política, obviamente este consejo no se aplica. Discutir los límites éticos de la intervención ideológica-partidista en un trabajo estatal es un tema que debería ser abordado desde lo ético. Esto amerita una discusión distinta y este texto no tiene eso por objetivo. Si te interesa el tema solo quisiera dejar sobre la mesa un pensamiento para discusiones futuras: un país no se desarrolla con un Estado partidista, se desarrolla con un Estado inteligente, eficiente, fuerte, pequeño y compuesto por instituciones coordinadas pero independientes entre sí. Intervenir ideológicamente la burocracia (sea del bando que sea) lo vuelve ineficiente, gordo y torpe. Se pierde tiempo y dinero, y eso es caminar en la senda opuesta al desarrollo.

7. Analiza los beneficios extras al salario

Haber salido hace poco de la Universidad hace que uno busque o consolide su independencia económica. Por este motivo es común pescar un trabajo que te brinde mejor salario. Sin embargo, recuerda: en el largo plazo tienen mejores probabilidades de tener un empleo sólido y estable, quienes han desarrollado una carrera profesional estructurada y sostenida. Cuando tengas una oferta de empleo identifica los beneficios extra salariales que existen: ¿te van a capacitar? ¿Tendrás la oportunidad de trabajar con gente de la cual vas a aprender? ¿Tendrás experiencias que sumarán conocimientos importantes y acordes a tu expectativa laboral? Es subjetivo poder responder en qué momento son los beneficios mejores que los costos, sin embargo no viene mal que te detengas a pensar si valen la pena o no. Hay mucha gente que renuncia a trabajos bien pagados, por una mala relación con el equipo. Piensa en estos factores y recuerda que el dinero no lo es todo.

Ahora bien, supongamos que has decido entrar a la burocracia o ya te encuentras dentro de ella. Una cosa es decidir si aceptar o no jugar un partido de futbol respetando sus reglas y otra distinta es no querer jugar una vez dentro del campo de juego.

8. No te asustes ni te amilanes ante los viejos mentales

Recuerda que la edad es un asunto mental. El problema es que este detalle afecta a gran parte de las generaciones previas al año 70 en Ecuador y lo triste es que a veces contamina a los del 80 y 90. Por ende, cuando me refiero a “viejos” en esta sección me refiero a viejos mentales, que los reconocerás por algunos tips a los que tendrás que enfrentarte:

El viejo mental presionará a que no tengas nuevas ideas. Recuerda que el viejo no quiere que lo saquen de su “nivel de confort”, quiere ganar su sueldo sin que nadie le moleste, salir lo más temprano y hacer el menor esfuerzo posible. Un chiquillo con energía y nuevas ideas es una amenaza, así que es probable que te haga la vida imposible. Con ellos me he encontrado en la academia y en el sector público. Mi consejo: ser muy descarado, ser más firme y claro. ¡Quéjate! ¡Propón! ¡Reclama! ¡Inquiere! ¡Reta! ¡Compite! No te dejes amedrentar con sus comentarios irónicos, con sus pasquines o indirectas. Tú sigue. No te detengas. Si terminas perdiendo el empleo, ¡ganas! Son ellos los que pierdan. Tú sigue.

El viejo mental detesta la tecnología. Me acuerdo que un par de burócratas me amenazaron con juicio laboral por obligarlos a SUMAR (sí, sumar) en Excel y no hacerlo a mano. Me dijeron que atentaba contra los “derechos básicos del trabajador de no alienarse a la tecnología imperialista”. Me reí mucho esa tarde. Al cabo de un par de meses reemplace a 4 personas por una sola. Recuerda, si te acostumbras a tus procesos, en algún lugar hay alguien que está aprendiendo y dominando más tecnología. Cuando termine el día ¿quién será más cotizado? Por cierto nunca pusieron el juicio pero quedé como inhumano porque obligué a usar el Excel para sumar.

El viejo mental adora el chisme. Estés donde estés jerárquicamente, el viejo mental creará chismes sobre tu vida. Si eres casado tu fidelidad está rota hace rato. Si eres soltero la pregunta será porque no te casas. Se inventarán de todo a fin de que caigas en el juego. ¿Cuál es el juego?: que fomentes el chisme sobre otros, que respondas a pasquines y sobre todo: que te desconcentres de tu trabajo. Sueno a abuelo patético advirtiendo pero tengo al menos una decena de amigos que podrían hablarte horas de cómo intentaron destruir sus vidas con esta táctica. Tú sé muy parco con esto, ríete, llévalo a broma pero jamás te desgastes en este tema. Ignóralo. Sigue adelante y responde con trabajo. Tú sigue aportando y haciéndolo evidente.

Cuando sientas que te comportas como un viejo mental, renuncia inmediatamente. Eso, nada más que agregar.

9. Ten a la mano tu renuncia lista

Te ayudará a irte cuando lo consideres conveniente o necesario y le dará libertad al líder de tu equipo a tomar la decisión más adecuada en el momento preciso.

Este consejo me lo dio mi hermana y fue el primero que me dieron cuando empecé en la burocracia: no sientas apego por este trabajo y ten siempre lista una hoja impresa con tu renuncia voluntaria. Mi hermana ganó un concurso público a través de una auditoria internacional para ser Gerente de un área en el Banco del Estado. Antes de eso fue Gerente en varios bancos internacionales. Cayó un Presidente, vinieron hordas de enfermos y la misma gente de su equipo mandó sacando a los que ganaron el concurso, “porque implementaron ideas que obligaban a la gente a trabajar”. Ya muy pocos puestos directivos y gerenciales se hacen ahora con auditoras internacionales por lo que es muy probable que algún momento suceda algún tipo de reestructuración y tengas que salir.

Esto también es útil cuando te topes con problemas éticos. Recuerda que primero está tu dignidad, tu carrera profesional y tu imagen. Sé honesto y coherente con tus principios: cuando no estés de acuerdo con algo saca tu hoja, despídete sonrientemente y sigue, que la vida no se acaba.

Ventajosamente yo renuncié por distintos motivos a los de mi hermana y tuve tiempo para preparar mi salida. Tuve comprensión y debo decirlo abiertamente que nunca tuve presión política por parte de mis jefes. Desafortunadamente esto no siempre es así y deben confluir muchos factores para que suceda.

Prepara tu reemplazo, sé generoso al enseñar. El mecanismo para ser indispensable es que la organización no dependa de ti.

10. Compárate continuamente con tu promoción y mantente activo en el mercado

Ten siempre un ojo puesto a tu generación. La gente que se graduó contigo es fundamental para evaluar qué tan bien vas en comparación con el resto. Por favor, no compares el salario, compara la calidad del empleo, lo bien que se siente realizándolo. Cuando mires tus funciones conversa con alguien del sector privado y compara qué está aprendiendo él o ella contra cuánto aprendes tú. Recuerda, esto se trata de ganar conocimiento, habilidades y/o experiencia, no solo dinero.

En esta misma línea, no dejes de mantenerte activo en procesos de selección. Puede que te encuentres estable en algún ente público pero nunca esta demás evaluar cuánto te valoran en el mercado y tener una opción bajo la manga. Participa en concursos privados, así veras si la brecha salarial y las habilidades profesionales están creciendo al mismo ritmo que están creciendo en tu actual empleo. Por supuesto, no te mientas a ti mismo: sé crítico y honesto con lo que estás aprendiendo al momento de compararte.

11. Aprende de leyes y ten mucho cuidado con lo que firmas

Esta es casi una triste consecuencia. En el sector público, a comparación del privado, debes tener muchísimo más cuidado con lo que firmas. He visto gente que por despistada o por comedida termina aprobando cosas que no debía y luego mencionada en los famosos informes de contraloría. A diferencia del sector privado, estos pueden ir desde un llamado de atención hasta la cárcel, pasando por una sanción económica, sin quitar el daño moral al que son expuestas incluso si después se desestima la sanción. Antes de firmar algo (empezando por tu contrato), discútelo con alguien de experiencia, mira los pros y contra y sobre todo ten claro hasta dónde llegan tus responsabilidades. Cualquier extralimitación es riesgosa. Con el tiempo uno va aprendiendo de normas, reglamentos, acuerdos, decretos, leyes y por supuesto de la Constitución. Esto es buenísimo si eres abogado, pero ser abogado normalmente no es algo tan divertido en la vida. A pesar de ello, no está por demás que tengas contacto con algún abogado amigo (ambas condiciones necesarias) que te dé una mano con algún consejo de cuando en cuando o que esté dispuesto a ayudarte con una consulta gratuita. En el peor de los casos juégate por la simple: si no estás seguro de lo que estás firmando, no lo firmes.

12. Prepárate para un choque cultural

Abre tu mente, aprende lo bueno y descarta lo malo. No te contagies de la pereza, busca a la gente alegre, a la deportista, a la contenta, a la propositiva. No te juntes con los “perros de la tristeza”, integra, haz amigos y sobre todo aprende culturas nuevas. Cada institución tiene una cultura a la que se le puede aprovechar, tú decides que parte tomar: lo bueno o lo malo de la historia.

13. Si has llegado hasta acá, lo más importante: si vas a hacer algo, hazlo bien

Atravesar obstáculos tiene siempre su recompensa. Y menciono esto porque hay un valor único que tiene el trabajar en el sector público que es imposible de encontrar –en esa magnitud– en el sector privado: servir.

Seguro nadie te agradecerá cuando te vayas, hasta es posible que muchos no den cuenta que pasaste por allí, pero la satisfacción real es dejar tu huella, transformar tu entorno, incluyendo a las personas con las que compartes, trabajar un poquito más, ser ambicioso en los objetivos que planteas para la institución (construir catedrales y no solo picar piedras para sus muros) y si te lo permiten darle no una, sino las dos manos a alguien vulnerable. No significa dar dinero, significa hacer bien tu trabajo. En una frase: “dar un poquito más”, siempre deja más de lo que recibes.

Trabajar para la gente es un privilegio y si es algo que te gusta y has sobrepasado los obstáculos hazlo bien, con cariño, con dedicación y entrega. Nada compensa la felicidad que uno siente cuando sabes que has dejado un lugar mejor al que encontraste y mejor si es sin bombos y platillos, sin alharacas, sin politiqueros vendiendo humo. Es mejor llegar a casa con una sonrisa por haber hecho bien las cosas, caminar con la conciencia tranquila y saber que has hecho bien tu trabajo. Eso es lo lindo del sector público: está hecho para pocas personas, para aquéllas que están dispuestas a sacrificarse, a buscar el bien común, y que para lograrlo son capaces de sortear obstáculos difíciles.

Es una lista corta y discutible, espero que te sirva y la aproveches. Quizás me equivoco en casi todo (excepto en lo de los abogados), quizás solo en parte. Mi intención no es acertarle a todo sino generar el principio de una guía para que puedas escoger mejor tu empleo y pienses a largo plazo. No está por demás que siempre se recuerde que es más importante tu dignidad, tus valores y tu ética. Allá afuera hay una selva a veces agresiva y a veces atractiva, en tus manos esta hacer de tu ingreso al servicio público una experiencia única, o una pesadilla.

***

Por fin llego al final de la fila en el supermercado. La cajera sufre por una mañana infinita de compras y reclamos. Uno de los jóvenes intenta coquetearla sin éxito y se marchan. Al verme llegar me sonríe corporativamente mientras me saluda. Tiene una foto al parecer de su hija junto a la caja. Tiene también uñas cuidadas, un tatuaje sobrepuesto y rapidez de pianista en los dedos. Al final le pregunto que que piensa de la conversación de los muchachos. Me sonríe con complicidad y astucia antes de sentenciar: “el pez de pecera no sabe que existe el mar”.

Me voy del caminando y sonriendo, pensando los tesoros que uno encuentra sin buscar. Tengo que llegar a casa y escribir este texto.

Septiembre, 2013.

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Gracias a Jorge García, Byron Vasconez, David Vera y Livino Armijos que aportaron con comentarios y sugerencias a este texto.

Cuidado con festejar antes de tiempo

Unas palabras sobre el festejo de la reducción de pobreza en Latinoamérica.

La pobreza por ingresos en Latinoamérica se está reduciendo. Desde mi punto de vista, esto se debe a una oportuna y necesaria intervención de los Estados, tomando en cuenta tres ventajas: 1) una fortalecida corriente política progresista en la región 2) un contexto internacional favorable –con excepción del 2009 y, 3) más y precisas políticas públicas, fortalecidas por nuevas generaciones de tecnócratas.

En este contexto, me ha llamado la atención recientes discusiones en torno la agenda posterior a la reducción de la pobreza y el desmedido énfasis de políticos en enfocarse en “eliminarla”. Este debate viene oportuno además por la muy próxima revisión de los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el año 2015. Algunas preguntas surgen entonces: ¿De verdad la pobreza extrema se ha reducido en la región?, ¿lo suficiente para sacarla de la agenda? En este contexto ¿Son una novedad teórica o un aporte útil los nuevos indicadores multidimensionales de pobreza? ¿Qué mecanismos deberían implementarse para legitimar estos indicadores?  Vamos por partes.

¿Está la pobreza extrema eliminada?

El mundo ya alcanzó la meta de reducir a la mitad la proporción de personas que viven con menos de $1.12 dólares al día. En América Latina la proporción llega al 6,5% de la población, como claramente Eduardo Ortiz-Juárez lo explica aquí. Sin embargo, el problema es que dicha meta está evaluada con el indicador de pobreza por ingresos. Esto significa que estamos alegrándonos por un indicador altamente inestable y cuestionado en términos metodológicos. Para ejemplificar: supongamos que Pedro, un comerciante informal de Lima-Perú, que vende productos importados gana más dinero porque las ventas aumentaron en este período. De acuerdo al último reporte sobre la clase media del Banco Mundial (disponible aquí), debido a este incremento de ventas, Pedro puede haber salido de la clasificación de “pobre” (si su ingreso es menor de  4 dólares americanos diarios por persona) para pasar a la de “vulnerable” (si su ingreso está entre 4 y 10 diarios por persona) o puede haber pasado de la clasificación de “vulnerable” a la de “clase media”(si su ingreso está entre 10 y 50). Sin embargo, si los ingresos de Pedro no fueron estables durante un tiempo prudencial y sus ingresos no se invirtieron adecuadamente, cuando las ventas decaigan su clasificación puede cambiar hacia “pobre” nuevamente. A esta inestabilidad del indicador monetario de ingresos hay que sumarle al menos tres problemas: 1) la dificultad de recoger los ingresos por medio de encuestas  2) la disponibilidad irregular y heterogénea de esta variable en encuestas oficiales dentro de institutos de estadística de la región (una discusion interesante al respecto aqui) y 3) al sobreconcentrarnos en evaluar los ingresos monetarios dejamos de lado avances en otras dimensiones del bienestar en las cuales los Estados han tenido importantes gestiones los últimos años.

Una forma más adecuada de medir este fenómeno son los indicadores de pobreza que captan más dimensiones del bienestar y a la vez son más estables que la variable de ingreso. En esta oferta de  indicadores resalto el valor de cuatro: 1) el de Necesidades Básicas Insatisfechas planteado por la CEPAL, 2) el de Pobreza Multidimensional propuesto por OPHI en el Reino Unido, 3) el indicador de Mejor Vida de la OECD y, 4) el Índice del Buen Vivir planteado por Ramirez en Ecuador.

En el caso de las NBI’s se recoge información de pobreza estructural en base a dimensiones relacionadas el acceso a vivienda, acceso a servicios sanitarios, acceso a educación y capacidad económica del hogar. Este indicador ha sido ampliamente usado en América Latina y tiene la fortaleza de ser calculado en base a variables mucho más solidas en términos de relevamiento de información y calidad de fuentes. Aquí mayor información. En el caso de los indicadores propuestos por OPHI se intenta capturar dimensiones como Calidad del trabajo, Empoderamiento, Seguridad física, Bienestar Psicológico y la Capacidad de Vivir Sin Vergüenza. Este indicador multidimensional tiene una sólida construcción teórica, una amplia bibliografía de herramientas en varios idiomas y goza de un reconocimiento mediático internacional, aparte del aval de la prestigiosa Universidad de Oxford. Aquí mayor información. En el caso del indicador de Mejor Vida de la OECD, está construido bajo un concepto aplicable a países desarrollados; sin embargo, es rescatable la inclusión de más dimensiones y cuenta con un proceso didáctico de ponderación en linea de acuerdo a las preferencias de cada usuario. El indicador incluye dimensiones como: vivienda, ingreso, trabajo, comunidad, educación, medio ambiente, empoderamiento civil, salud, satisfacción con la vida, seguridad y balance entre el trabajo y la vida. Por su proceso conceptual y su cercanía metodológica lo asocio mucho al trabajo desarrollado por Stiglitz-Sen y Fitoussi para la creación de nuevas medidas de bienestar en sustitución del PIB. Aquí el reporte de Stiglitz-Sen y Fitoussi y aquí la propuesta de la OECD. Finalmente, resalto la propuesta de Rene Ramírez de Ecuador, que plantea el indicador sintético de la Vida Saludable y Bien Vivida. Sus dimensiones son la esperanza (promedio) de vida, el tiempo dedicado a las producciones de “bienes relacionales”, el tiempo de enfermedad y los años de escolaridad. Aquí se puede ver con mayor profundidad su propuesta.

Todos estos indicadores presentan alternativas coherentes, innovadoras y complementarias ante los déficits del Indicador de Pobreza por Ingresos. Sin embargo, al intentar andar por este nuevo camino, nos encontramos con dos problemas: 1) la ausencia de disponibilidad de información primaria y, 2) la informalidad de la discusión de nuevos indicadores hace que se aparezcan propuestas deformes y sin sustento técnico que muchas veces solo buscan confundir a la opinión pública y a la vez opacan propuestas serias. Expando un poco mis comentarios sobre estos dos puntos.

  1. La conceptualmente desfasada producción de estadística oficial en la región.

No va a servir de nada que elaboremos nuevas y buenas propuestas conceptuales si no llegamos a reformular la  producción de estadística de oficial de base. Si reconocemos que la naturaleza de la pobreza es multidimensional, entonces debemos producir información para medir ese fenómeno y no continuar la mala práctica de producir indicadores unidimensionales “porque es lo que hay disponible para construir”. Estamos renunciando a la naturaleza propia de la medición de fenómenos sociales por conveniencia, comodidad metodológica o en muchos casos por ideología.

Sobre este problema, quizás sea muy fácil culpar a los Institutos de Estadística de la región. Sin embargo, al pensarlo dos veces su responsabilidad es compartida con los propios usuarios quienes deberíamos presionar para tener una producción estadística acorde a nuevas realidades conceptuales. Hay que reconocer que esto toma tiempo, pero más que todo energía para movilizar muchas veces aparatos burocráticos que están dormidos en lógicas antiguas de producción estándar. Hay que cambiar esa lógica. Hay que reemplazar la forma en que se producen estadísticas oficiales. Hay que modernizar la producción conceptual de estadística en la región.

En Ecuador se llegó a discutir y producir ciertos indicadores multidimensionales (buen ejemplo es el trabajo de Mideros aquí, el de Renshaw y Wray aquí y el que se llegó a instaurar en el Instituto de Estadística usando un programa de capacitación y dicusión (algo de información aquí). Sin embargo, internacionalmente solo tuvimos receptibilidad en países como Argentina, Cuba, Venezuela, Perú y Colombia. Esto sucedió en el año 2010. Es ahora cómico recordar que en aquel tiempo había una corriente de “cuadros” que renegaban producir nueva estadística porque era “subjetiva”, o porque no tenía “historia” o la más curiosa excusa “porque no aparecía en los manuales de normativos de estadística, como el FMI y sus guias para la produccion de cuentas nacionales”. El chiste se cuenta solo.

Un mecanismo para promover el cambio de esta lógica de producción, es la participación en espacios como este: la Conferencia Estadística de las Americas, donde se discuten normativas, producción y estándares de estadística oficial en el continente. Los primeros interesados en hacerlo deberían ser los proponentes de los  nuevos indicadores. No hacerlo sería como encontrar una medicina para curar una enfermedad pero despreocuparse por encontrar los ingredientes para producirla de forma masiva.

Por experiencia propia, puedo asegurar que el pretexto no debería ser el dinero. No quiero decir que no haga falta, quiero decir que una adecuada reasignación de recursos internos puede producir más y mejor información. Aparte que es evidente que los Institutos pueden y deben ser más eficientes, como camino para legitimar la estadística pública.

Ahora bien, hay un segundo y más grave obstáculo:

2. La aparición de indicadores fantasmas

Voy a describir este punto con una anécdota de mi tiempo de Director del INEC en Ecuador. Hace un par de años apareció en medios de comunicación un “nuevo” indicador de pobreza multidimensional que dramáticamente anunciaba que el país era el antepenúltimo en la región, que Ecuador era un desastre en varias de las dimensiones de pobreza y que las cosas iban muy mal. El problema no eran sus conclusiones sino sus escandalosas deficiencias metodológicas y su folclórica forma de llamar la atencion. No voy a nombrar el autor ni la supuesta ONG detrás de esta deforme creación porque precisamente buscaban eso: llamar la atención inclusive pisoteando la estadística. Al realizar -inclusive superficialmente- un análisis técnico de esta propuesta, se podía identificar que era un indicador sin sustento conceptual, mezclaba datos de distintas fuentes, distintos períodos y distintas definiciones y como cereza del pastel concluía que la pobreza había incrementado en el 2012 usando datos del 2006 (¡!). Desde el INEC advertimos que era un indicador fantasma que lo único que buscaba era llamar la atención de la opinión pública y que los autores unicamente buscaban posar para la foto; osea, politiqueros. Despues de un tiempo, las cosas cayeron por su propio peso: el indicador ya no es interés de nadie, ni es usado por nadie puesto que el actor que se paseaba por medios se convirtió en político (por cierto con un muy triste resultado electoral).

En este caso la estrategia fracasó puesto que del indicador no se acuerda nadie, pero el peligro es latente: rondan de cuando en vez indicadores “reveladores” o “innovadores” que pretenden llamar la atención con fines políticos, sin embargo su sustento teórico y empírico es altamente cuestionable. Otro ejemplo es el Índice de Transparencia Internacional que realiza un “ranking” de países de acuerdo a su “nivel” de corrupción. Lo llamativo es que no hay una discusión teórica, peor aún consenso sobre un mecanismo estándar de operacionalizar estadísticamente la corrupción. La metodología de este indicador es –irónicamente- poco transparente y es aún más dramático el misterio de cómo un concepto difícil de comparar internacionalmente se llega inclusive a rankear. Como era de esperarse el indicador sí sirve para estigmatizar políticamente a países de la región. Ningún respaldo metodológico aparece al momento de cuestionarnos por qué grandes escándalos financieros, políticos y económicos que rondan frecuentemente las grandes potencias mundiales no tienen efecto alguno en el “ranking”. El silencio es mayor al momento de responder claramente quien financia la difusión de estos indicadores y cuál es su interés verdadero. Este es el peligro más grande de la estadística pública: la aparicion de ONG’s políticas que, sin consideracion ni asidero técnico, pretenden promover “estadísticas” y deslegitimar medidas consensuadas, discutidas y sobre todo técnicas.

Mi opinión es que la solución ante este problema es legitimar y oficializar nuevos y robustos indicadores multidimensionales, pero sobre todo hacerlo usando del sector oficial de la estadística. La respuesta es fortalecer la estadística pública. La clave esta en el empoderamiento de los Institutos de Estadística para que se conviertan en un verdadero avalizador de nuevas propuestas conceptuales pero que al mismo tiempo ejerzan la responsabilidad de producir nueva estadística de base, acorde a las nuevas necesidades conceptuales. Los INE´s deben empoderar más las areas analíticas, las de discusión de metodologías, cuestionarse sobre su agenda de producción y abrir las puertas al momento de decidir su trabajo. Los INE´s deben dejar de ser productores de bases de datos para convertirse en entes estratégicos de la definición de estadística política (menciono “politica” de política pública, no de politiquería).

Para esto, se requieren dos pasos:

  1. Crear una agenda participativa de construccion de metas sociales, (un ejemplo ecuatoriano aqui) pero sobre todo un mecanismo de discusión dentro de los INE´s donde se pueda proponer, discutir, si es necesario modificar, legitimar y producir nuevos indicadores. Las puertas las deben abrir las instituciones y si no están abiertas, los proponentes deben golpearlas, con fuerza.
  2. El reconocimiento (especialmente por parte de políticos) de que la pobreza multidimensional ha tenido una reducción importante en la región, pero NO esta superada y que debemos discutir la realidad de este fenómeno más allá de los ingresos monetarios. Hay que entender, discutir e integrar a esta agenda la evolución no solo indicadores multidimensionales sino la medición de la desigualdad de ingreso y consumo (ejemplos innovadores aqui), la importante relación entre el bienestar subjetivo y el nivel de ingreso (Stevenson y Wolfers lo discuten aquí) la movilidad social, las diferencias urbano/rurales, el estudio de la riqueza y su concentración (El Telegrafo del Ecuador aporta con ejemplos como este), el robustecimiento de la clase media (otro ejemplo de discusion aqui) y la desiguldad dentro y entre los paises (Branko Milanovic tiene un trabajo impresionante aqui). La primera palabra la tienen los políticos responsables que antes de festejar la eliminación de la pobreza deben comprender su mecanismo de medición, su variabilidad y la evidente necesidad de medir dimensiones ausentes en indicadores populares. El primer paso es fortalecer la estadística pública.

Hay que legitimar los aportes de los nuevos indicadores de pobreza multidimensional y su evolución, siendo muy rigurosos en filtrar las propuestas técnicas de las políticas. Pero sobre todo hace falta entender el reto: no se trata de encontrar el indicador más exquisito, sino de impactar e integrar la política pública en términos multidimensionales.

No hay que festejar antes de tiempo.

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